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domingo, 21 de abril de 2019

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PubMed, Doyma, Hinari, MEDICRIT
AVANCES EN INSUFICIENCIA CARDIACA.
Dr. Ángel Julio Romero Cabrera
Especialista de II grado en Medicina Interna
Profesor auxiliar
.  

La insuficiencia cardiaca como problema 
La insuficiencia cardiaca (IC) es un síndrome clínico complejo que constituye una vía final común a la que van a llegar la mayoría de las enfermedades cardíacas.
Este síndrome se conoce desde épocas remotas y ya en Egipto, la Antigua Grecia y Roma se utilizaba la planta dedalera (digital) para tratar la hidropesía (1). El emperador Adriano en sus memorias relata los síntomas de sus últimos días que evidentemente coinciden con los de la IC.Hoy se sabe que la prevalencia de IC aumenta con la edad y se duplica por cada década de la vida (2) por lo que se espera un incremento de la enfermedad con el envejecimiento progresivo de la población y el aumento de la expectativa de vida al modificarse los estilos de vida de las personas y de las poblaciones (3) a la vez que dismnuyen las muertes prematuras por infarto cardíaco. 

El estudio más consistente sobre prevalencia es el de Framingham (4) que señala para el grupo 50-59 años la cifra de 0,8 %, que se incrementa a 2,3 % para 60 – 69 años, 5 % para 70 – 79 años y un 10 % para 80 años y más. En años más recientes algunos autores señalan cifras mayores. Así, Abdhelafis (5) plantea que a las edades de 65 – 75 años más del 5 % de las personas padecen IC y, por encima de los 80 años, esta cifra se eleva a un 10 – 20 %. En España más del 80 % de los casos acontecen en mayores de 65 años y su prevalencia alcanza el 10 % en los mayores de 70 años, y es la primera causa de hospitalización en este grupo (6, 7). El Cuadro 1 muestra la incidencia y prevalencia en el Reino Unido que evidencia cómo la IC es un problema de ancianos. 
La IC es un problema de salud que afecta a más de 5 millones de personas en los Estados Unidos de América, con una incidencia aproximada de 10 X 1000 habitantes en mayores de 65 años (8,9). Más de medio millón de nuevos casos se reportan cada año y es la causa del 20 % de los ingresos hospitalarios de las personas ancianas. En la última década la tasa de hospitalizaciones por IC se incrementó en un 159 % (8). La edad a la que se ingresa por  este trastorno y también la de la muerte parece estar incrementándose, lo que sugiere que los tratamientos preventivos están retardando el desarrollo de la IC (10, 11).
La IC es un trastorno tan incapacitante como mortal. Los estudios basados en encuestas comunitarias muestran que del 30 – 40 % de los pacientes mueren dentro del primer año del diagnóstico y el 60 – 70 % dentro de los 5 años (12, 13), por lo que ha sido denominada, con mucha razón, como el “cáncer de la cardiología”.
 
Entre un tercio y la mitad de los pacientes fallecen de muerte súbita, la mayoría como consecuencia de arritmias ventriculares (14, 15). Entre los indicadores predictores de mal pronóstico se señalan: la edad avanzada, la fracción de eyección del ventrículo izquierda disminuida, la liberación cardiaca y la concentración plasmática de noradrenalina, los niveles de péptido atrial natriurético tipo B (BNP), el consumo máximo de oxígeno del miocardio y la presencia de arritmias ventriculares sintomáticas (14).  
 
El objetivo de este capítulo consiste en actualizar los avances alcanzados en los últimos años en los aspectos clínicos y terapéuticos de este importante síndrome.

   
 








Definición como síndrome clínico:
 
La IC es un complejo síndrome clínico que resulta de cualquier trastorno cardíaco estructural o funcional que deteriora la capacidad del ventrículo para llenarse o para expulsar la sangre. Sus manifestaciones cardinales son la disnea y la fatiga (con limitación de la tolerancia al ejercicio) y la retención de líquido que puede provocar
congestión pulmonar y edema periférico (16).
Las nuevas definiciones de este síndrome,  útiles para definición de casos para estudios epidemiológicos, se basan en los siguientes criterios (1, 17):
1.   Síntomas y signos de congestión o mala perfusión tisular.
2.   Evidencia objetiva de disfunción cardiaca mediante ecocardiografía u otras pruebas.
3.   Respuesta al tratamiento dirigido a la disfunción.
El criterio 2 en muchas ocasiones es difícil de obtener pues hoy se sabe que alrededor de la mitad de los pacientes con IC sintomática en la comunidad tienen preservada la función sistólica del ventrículo izquierdo (VI) con una fracción de eyección normal (18).
El criterio 3 tampoco se considera excluyente pues en estadíos avanzados de la enfermedad o cuando existen otras condiciones patológicas asociadas puede haber refractariedad al tratamiento.
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