sábado, 24 de octubre de 2020
Nada hay más importante que un niño
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Titulares

Dra. Martha Longchong Ramos

Memorias de la Dra. Martha Longchong Ramos

Dra. Martha LongchongFecha y lugar de nacimiento: 18 de mayo del 1928, en Tiguabos, pueblo rural de la actual provincia de Guantánamo.
Mi madre: Elvira Ramos, de Mayarí (Antigua Provincia de Oriente), ama de casa
Mi padre: José Longchong, comerciante procedente de Cantón, China.

Me casé en el año 1960 con mi compañero de la Escuela de Medicina,  Dr. Arturo Wong (ortopédico, ya fallecido) y tuvimos 2 hijos: Arturo y Carlos, ambos médicos, uno ortopédico en Misión en Venezuela en el 2008.

Lugares de mi enseñanza:

Primaria: Centrales Borjita y Almeida (Guantánamo). Después en Santiago de Cuba
Secundaria: En Camagüey
Bachillerato: En Camaguey y en La Habana. Fecha de graduación: 1950.
Universidad de La Habana: Fecha de graduación: Diciembre/1959.

Centros donde desarrollé mi carrera:

1. 1960: Medicina Rural (En Dos Palmas, El Cobre).
2. 1960-1974: Hospital Pediátrico Universitario ?William Soler? y en el Instituto de Hematología.
3. 1974-1989: Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR)
4. 1989-2008: Hospital Pediátrico Universitario ?Juan Manuel Márquez?

5. Mi vida profesional:

Durante 6 meses integré el primer contingente de médicos que trabajó en las zonas rurales de nuestro país, desde el mes de enero hasta julio del año 1960, con muy escasos recursos materiales. Fue una experiencia inolvidable conocer la realidad en que vivían familias numerosas, de niños con sus padres, desnutridas, poli parasitadas, prácticamente sin vivienda, ni ropa y todos desocupados e iletrados. A mi regreso comencé a trabajar como Medico Interno en el Hospital Pediátrico ?William Soler? y poco después como Residente.

1964: Nombrada Instructora de la Asignatura de Pediatría por la Escuela de Medicina para realizar las actividades correspondientes en el Hospital ?William Soler?.

1967: La Dirección del Hospital ?William Soler me designó para la tarea de ocuparme de la atención de los niños con cáncer que ingresaban procedentes de todas partes del país, la cual la desarrollé en el Servicio de Hematología, bajo las orientaciones de los profesores Ernesto de la Torre (pediatra hematólogo) y del profesor Guillermo Hernández Amador (cirujano pediatra) que hasta entonces habían asumido esta responsabilidad y con los que me mantuve estrechamente vinculada por lo que me podían enseñar y por la necesidad del manejo interdisciplinario de los pacientes..En aquellos tiempos se disponía de escasos recursos antineoplásicos, tanto en nuestro país como a nivel mundial. Solamente existían la mostaza  nitrogenada, la ciclofosfamida, la 6 mercaptopurina y el methotrexate.; actualmente existen más de 150. La mortalidad por cáncer infanto juvenil era elevadísima.

Simultáneamente con estas actividades pasé 6 meses de entrenamiento en el INOR, donde adquirí conocimientos basicos sobre el cancer y accedí a la biblioteca especializada del Instituto que aunque no tenía material muy actualizado fue de utilidad para mí ya que me adentraba en un mundo complejo y desconocido. A mi regreso al Hospital. ?William Soler?/Instituto de Hematología me consagré a mi tarea sin dejar mis obligaciones de pediatra. Aprendí mucho de las publicaciones que llegaban al Hospital en revistas extranjeras y me nutrí de la experiencia de mis mentores y de mi práctica diaria. Con esta base redacté las primeras normas de diagnostico y tratamiento en linfomas y tumores sólidos pediátricos que se añadieron a las de Pediatría, que sistemáticamente se renovaban cada 4-5 años para todo el país. Mi interrelación con los hematólogos fue muy fructífera porque esa especialidad está muy relacionada con el cancer infantil, sobre todo en lo referente a leucemias, linfomas y algunos sarcomas. Con ellos aprendí a diagnosticar la presencia de células malignas en la medula ósea y otros aspectos conceptuales y prácticos importantes.

1974: En junio de este año comencé a trabajar en el INOR con el propósito de organizar y dirigir el Servicio de Oncología Pediátrica a petición de la dirección del Instituto de Oncología y realizar la convalidación de la especialidad de Oncología.

Desde 1967 mis objetivos  fueron:

1-Centralizar la atención del paciente pediátrico en servicios especializados en todo el país, eliminando la práctica de ingresarlos en cualquier hospital pediátrico, teniendo como fundamento: 1) El cancer infantil es raro (solamente el 1.5% de todos los nuevos casos anuales, incluidos los adultos), lo que representa un promedio anual de 300 pacientes nuevos menores de 15 años de edad vs. 30 000 adultos en nuestro país.

2) El cancer infantil es muy diferente al de los enfermos adultos, en el que son más frecuentes las neoplasias linfoproliferativas, los tumores malignos embrionarios, los sarcomas y  ocurren excepcionalmente los cánceres epiteliales (carcinomas), que son los  más comunes del adulto (cancer de pulmón, mama, próstata, cérvico uterino, colon, testículo, piel), determinados en gran medida por factores exógenos (tabaquismo, hábitos dietéticos inadecuados, exposición solar, determinadas infecciones virales, pesticidas y otros).

3) El tratamiento oncoespecífico del cancer infantil es diferente al de los carcinomas, su respuesta  terapéutica es más efectiva aunque los regimenes de tratamiento son más complejos e intensos y la sobrevida libre de eventos (SLE) ha ido en aumento exponencial vs. adulto.

4) La atención integral de los pacientes pediátricos requiere estar garantizado por personal médico y paramédico altamente especializado y consagrado.

5) La atención de estos pacientes necesita de un equipo multidisciplinario, apoyado por la dirección de los centros hospitalarios donde estén ubicados.

6) Los centros de cáncer pediátrico no deben ser numerosos, por tratarse de una población de enfermos reducida. En nuestro país funcionan 9, cinco en el interior de la Isla (Pinar del Río, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba) y 4 en la Capital  (Instituto de Hematología, INOR, hospital ?William Soler? y hospital ?Juan Manuel Márquez?). El mundo desarrollado ha demostrado que con esta estrategia se garantizan mejor los recursos humanos expertos, los materiales y la experiencia.

1987: Se creó el Programa de Control Nacional de Cáncer Infanto-Juvenil, jerarquizado por el PAMI y debimos asumir la dirección del mismo, lo cual fue muy importante porque se logró la unificación de criterios diagnósticos, terapéuticos y organizativos de los 9 centros de Oncopediatría de nuestro país.

1989: Se inauguró un nuevo hospital pediátrico universitario, el ?Juan Manuel Márquez?, en Marianao, y fui convocada a organizar su Servicio de Onco-Hematología, que incluye una Unidad de Trasplante Hematopoyético, aun sin terminar, y que cuenta con el apoyo de las 35 subespecialidades pediátricas y otros servicios importantes, entre ellas la UTIP del Hospital.

1990: Asumimos la atención y organización  de los pacientes pediátricos con cáncer procedentes de Ucrania, de las áreas afectadas por el desastre nuclear de Chernobil.

Así puedo resumir que mi vida laboral pues comenzó en el Hospital ?William Soler? en enero de 1960, con  la atención del paciente pediátrico con enfermedades infecciosas, parasitarias y nutricionales severas y a la docencia de pregrado (nombrada instructora en 1964) hasta que en 1967  comenzó mi trabajo en la  lucha contra el cancer infanto-juvenil en el Servicio de Hematología, siendo mi mentor el Prof. Dr. Ernesto de la Torre. Desde entonces me he consagrado y tratado de trasmitir esta actitud a médicos y enfermeras de todos los nuevos servicios que se formaban en nuestro país, a los que entrené y/o mantuve una estrecha relación profesional especializada. Cada 5 años hemos confeccionado y actualizado las guías de diagnóstico y tratamiento y las hemos discutido y analizado con los miembros de todos esos  servicios. Como profesora consultante de Oncopediatría he realizado innumerables interconsultas tanto nacionales como internacionales.

He participado en numerosos eventos nacionales e internacionales de nuestra especialidad porque es una vía de dar y recibir conocimientos, de interrelacionarnos con expertos del mundo desarrollado para optimizar la atención del niño cubano con cáncer.
En los inicios de mi vida como oncóloga pediatra podemos decir que inicialmente era muy deprimente la alta mortalidad, por ejemplo los pacientes con LLA apenas sobrevivían, en remisión un año el 20% de los niños y en las no linfoblásticas, todos fallecían en corto plazo. En el resto de las neoplasias malignas la situación era similar.

Con el paso del tiempo se desarrolló en Europa y NA todo lo relacionado con el cáncer infanto-juvenil (conceptos basicos del desarrollo y crecimiento neoplásico, genética, biología molecular, bioestadística, diagnóstico y tratamiento). El desarrollo de la quimioterapia antineoplásica ha sido exponencial, lo que ha logrado el incremento progresivo de la curación de la mayoría de los cánceres pediátricos. La radioterapia y la cirugía también se han perfeccionado. Estos avances científicos los hemos asimilado en la medida de las posibilidades financieras de nuestro país y ya podemos asegurar que la mayoría de nuestros pacientes tienen elevado indice de sobrevida en leucemia, linfomas, sarcomas y otras neoplasias, aunque la lucha continúa para obtener algún día la curación de todos los pacientes, con buena calidad de sus vidas, incorporados a la sociedad como ciudadanos útiles a la comunidad y a sí mismos.

Lo que lamentamos cuando pensamos en el pasado es no haber podido salvar a tantos niños que fallecieron, pero nos alienta los que ya curan, los que nos sorprenden cualquier día ya curados y adultos, como me sucedió con una niña de Campechuela, que traté cuando tenía 5 años por un tumor de Wilms con múltiples metástasis pulmonares bilaterales, que traté a finales de los años 60 con una nueva droga, la Vincristina + la Actinomicina que ya existían, complementarias de la nefrectomía y logré su remisión completa. Pero desapareció de la consulta de seguimiento y creí que había fallecido, pero un día alguien tocó a mi puerta preguntando si aún vivía allí la Dra. Longchong. Le conteste: Si, soy yo. Ella me dijo: yo soy su paciente de Campechuela que usted curó, ya soy ingeniera mecánica y el que me trajo en la moto es mi esposo, ingeniero también nos mudamos para acá por el trabajo de mi esposo. Ella tuvo una hija después, que se llama Claudia. Historias parecidas crecen por cientos y nos impulsan a seguir luchando y enseñando a los demás para que nunca decaiga la esperanza, la ética, el deseo de luchar contra los errores y dificultades que aun persisten y superarlos, trabajar con pasión con los recursos que tengamos. Ya entré hace tiempo en la tercera edad, pues voy a cumplir 80 años próximamente pero continuaré mi lucha hasta mi último aliento.


 
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: Editor Principal, Profesor Titular de Pediatría-Neonatología | Hospital Docente Ginecobstétrico¨Ramón González Coro¨, MINSAP |
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