miércoles, 20 de noviembre de 2019
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Titulares

Inflamación y obesidad, unidas en la prevención

El punto de estudio es que la microbiota puede iniciar el proceso inflamatorio asociado a la obesidad.

Los estudios iniciales de la relación entre obesidad y la microbiota intestinal y su genoma, microbioma, indicaron que la microbiota podía desempeñar una función importante en el metabolismo energético. Con posterioridad, se ha avanzado en estas investigaciones y se ha descubierto que además la microbiota puede iniciar el proceso inflamatorio que está asociado a la obesidad. Según ha explicado a DM Yolanda Sanz, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos de Valencia (IATA-CSIC), esta conexión tiene aún mayor relevancia, ya que "la inflamación asociada a la obesidad es lo que causa las patologías crónicas que  constituyen un serio problema de salud pública como el síndrome metabólico, diabetes tipo 2, ateroesclerosis o enfermedades cardiovasculares", que están contribuyendo a aumentar las tasas de morbilidad y reduciendo la esperanza de vida en nuestra sociedad.

Para Sanz, ponente en la jornada Microbioma y Obesidad, organizada por la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados (FVEA), desde este punto de vista "el identificar a los componentes específicos de la microbiota intestinal que activan ese proceso inflamatorio es clave porque nos va a permitir identificar las dianas sobre las que tenemos que actuar para desarrollar estrategias preventivas para estas patologías".

Inmunidad innata
Ha recordado que esta relación se ha establecido sobre todo a través de estudios realizados en animales de experimentación. El ejemplo más significativo y mejor demostrado "es que las dietas ricas en grasa que conducen a la obesidad provocan una expansión de bacterias Gramnegativas, que tienen un componente en su pared celular, el lipopolisacárido (LPS), que activa la inmunidad innata y produce inflamación en el intestino. Además, este LPS pasa a circulación periférica y de ahí llega a los tejidos, influyendo e inflamando aquéllos que están implicados en el metabolismo de la glucosa, causando resistencia a insulina".

Otros estudios en animales de experimentación también indican que otros componentes bacterianos (ADN, peptidoglicano) y sus metabolitos (sulfuro de hidrógeno) pueden contribuir a la inflamación, aunque se dispone de menor información. En esta línea, otros análisis experimentales también han demostrado la posibilidad de revertir el proceso inflamatorio mediante la administración de bacterias intestinales con propiedades antiinflamatorias. Como ejemplo, Sanz ha señalado que "algunas bacterias que nosotros hemos aislado de niños lactantes sanos y que sabemos que tienen una relación negativa con el desarrollo de la obesidad, en concreto, una bifidobacteria (Bifidobacterium pseudocatenulatum CECT 7765) y un bacteroide (Bacteroides uniformis CECT 7771), revierten este proceso y reducen la inflamación a nivel intestinal y periférico y mejoran la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina". Los estudios preclínicos apuntan a que la inflamación va a ser una de las dianas fundamentales y permitirá "establecer estrategias de intervención dietéticas que sean preventivas, que es el papel fundamental de la alimentación".

Primeras pruebas
Sanz también ha matizado que "estos aspectos deben corroborarse con ensayos en humanos", resaltando que, "de hecho, las relaciones entre microbiota e inflamación asociada a la obesidad a este nivel aún no están bien establecidas". A pesar de estar en fases iniciales en nuestra especie, el equipo realiza un estudio en adolescentes con obesidad que tienen además resistencia a insulina y, por tanto, alteraciones en parámetros de inflamación.

"El futuro y los estudios a más largo plazo nos van a permitir reproducir a nivel de laboratorio el ecosistema intestinal de forma más aproximada y producir a gran escala otras bacterias intestinales que hasta ahora no se han utilizado en alimentación ni en medicina y que seguramente van a ser más efectivas aún", según Yolanda Sanz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos de Valencia (IATA-CSIC). En este sentido, ha hecho hincapié en que "en el ecosistema intestinal existe una riqueza y una biodiversidad microbiana tremenda que no sabemos explotar, pero precisamente son las bacterias residentes en nuestro propio intestino las que están regulando nuestra salud".

Aplicaciones prácticas
Así, justifica que en la medida en que se identifiquen las bacterias o consorcio de bacterias que aportan beneficios, se aprenderá a cultivarlas y producirlas en laboratorio, "trasladando todos estos hallazgos en aplicaciones prácticas". Sanz ha apuntado que una vía es "utilizar consorcios de bacterias que formen un ecosistema estable y que puedan reemplazar la microbiota perjudicial de individuos con afectación de ciertas patologías o riesgo de padecerlas".

La investigadora va a coordinar un proyecto europeo del VII Programa Marco, de cinco años de duración, que integra a 30 socios internacionales "en el que se identificarán los consorcios de bacterias implicadas en el metabolismo de nutrientes, el balance energético y la obesidad y sus comorbilidades y en el comportamiento".

Fuente: Diario Médico 12/03/2014


 
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: Editora Principal,Doctora en Ciencias Médicas. Profesora e Investigadora Auxiliar. Especialista de II Grado en Gastroenterología, | Instituto de Gastroenterología, MINSAP | Calle 25 esq I. Vedado Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, 11700 Cuba | Teléfs.: (537) 78325594 al 97 , Horario de atención: 8:30 a.m. a 5:00 p.m., de Lunes a Viernes


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