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jueves, 28 de enero de 2021

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Red Cubana de Gerontología y Geriatría





Terapeútica de la Diabetes Mellitus Tipo IIAbordaje terapéutico de la Diabetes Mellitus tipo 2 (Primera parte)

 

La Diabetes Mellitus (DM) continúa considerándose en la definición convencional como una enfermedad metabólica resultante de defectos en la secreción de la insulina, en su acción o en ambas y caracterizada por hiperglicemia. Es la DM tipo 2 una de las enfermedades de mayor incidencia y prevalencia en los adultos mayores.

El abordaje de esta patología debe ser multidisciplinario. Los pilares fundamentales de su tratamiento son el binomio dieta-ejercicio, el autocuidado, la educación diabetológica y la terapéutica farmacológica.

 

Es importante tener en cuenta los siguientes principios:

 

  1. Involucrar al máximo posible al paciente y/o familiar en el tratamiento.
  2. Mantener una educación sanitaria permanente al paciente y/o familiar.
  3. Establecer un sistema periódico de consultas de evaluación con el fin de lograr el cumplimiento de los objetivos del tratamiento y el seguimiento.
  4. Insistir en la necesidad del autocontrol de la glicemia y uso de un sistema de registro, dado los efectos tóxicos de una hiperglicemia crónica.

 

En los paciente de edades muy avanzadas los esfuerzos encaminados a mantener los niveles de glicemia en cifras lo más cercanas posibles a la normalidad y por ende el control metabólico, pasan a un lugar secundario, teniendo en cuenta la menor necesidad de prevenir complicaciones tardías dada la menor expectativa de vida y el peligro de hipoglicemias en este grupo de edad.

La prescripción dietética debe ser entendida desde la perspectiva de un trastorno crónico. No se trata de cumplir unas normas durante algunas semanas, para perder algunos kilos en exceso, sino que se trata de un programa a largo término en el que paso a paso se irán introduciendo los cambios necesarios para conseguir una conducta alimentaria adecuada.            

Los ancianos tienen hábitos dietéticos muy arraigados a lo largo de su vida y que difícilmente vamos a poder modificar. La dieta no debe ser restrictiva, definida de modo arbitrario e impuesto a ultranza. La alimentación del diabético es similar a la de las personas sanas, una dieta equilibrada, evitando especialmente el consumo de hidratos de carbono de absorción rápida, con la clásica recomendación de que los carbohidratos simples deben ser evitados y sustituidos por los complejos. Dicha recomendación se basa en la hipótesis de que los azúcares sencillos se digieren y absorben más rápidamente provocando mayor hiperglicemia.

Es importante el consumo de fibras, ya que van a retardar la absorción de los alimentos y producen de esta forma sensación de saciedad.

La ingestión de proteínas de origen animal y vegetal es necesaria para asegurar el aporte de aminoácidos esenciales. Se deben evitar las grasas saturadas y las poliinsaturadas, deben limitarse a un 10% de la dieta y aportarse fundamentalmente de la serie omega-3 que procede del pescado azul.

El tratamiento debe ser muy individualizado y tener muy presente en los adultos mayores los condicionantes físicos, psíquicos, familiares y sociales. Los problemas económicos, los problemas de salud coexistentes (hipoacucia, disminución de la agudeza visual, pérdida de la memoria, demencia, enlentecimiento psíquico, limitaciones para la movilidad), la existencia de pluripatología y polifarmacia, que en ocasiones inciden en el control metabólico o en el cumplimiento del tratamiento.

El ejercicio es muy beneficioso, no solo ayuda al control metabólico sino también al buen funcionamiento del sistema cardiovascular, respiratorio y músculo-esquelético. Caminar sería lo más prudente, en marcha progresiva, 20 a 30 minutos, 2 o 3 veces a la semana y previa valoración de la función cardiorrespiratoria.

La actividad física también logrará la disminución del peso corporal y mejorar el estado psicológico en el paciente. Los ejercicios de fuerza y resistencia estarán contraindicados cuando el diabético sea portador de complicaciones tales como retinopatía proliferativa, por el riesgo de hemorragia del vítreo o desprendimiento de retina, así como en pacientes con neuropatía complicada con pie isquémico, dado el riesgo de producirse lesiones en partes blandas.

El equipo de trabajo debe estar conformado por un licenciado en cultura física, dietista, nutricionista, terapista ocupacional, enfermero y médico.

La educación diabetológica es esencial, tanto individual como grupal. Es necesario que el adulto mayor diabético conozca su enfermedad, cómo evoluciona; sus complicaciones y riesgo de las mismas, cómo prevenirlas y las posibilidades de tratamiento.

 

 

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