sábado, 14 de diciembre de 2019
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Titulares

Edulcorantes artificiales: ¿Un lobo disfrazado de cordero?

Dr. David A. Johnson
¿No tan dulce?
Hola. Soy el Dr. David Johnson, profesor de medicina y jefe de gastroenterología en la Escuela Médica de Virginia del Este en Norfolk, Virginia.
Recientemente asistí a un congreso en el Instituto Weizmann de Ciencia en Rehovot, Israel, y quise resaltar alguna información muy fascinante en torno a los edulcorantes artificiales no calóricos.
Se han utilizado ya durante más de un siglo y se comercializan seis edulcorantes artificiales en Estados Unidos. Se suelen utilizar en diversos alimentos, refrescos procesados y otros productos que por lo general vemos en los estantes y que ingerimos tal vez todos los días. Los edulcorantes artificiales a menudo se recomiendan a pacientes con prediabetes, diabetes u obesidad en virtud de que son no calóricos y no tienen un azúcar absorbible.
¿Realmente son buenos para las personas? Los datos sobre el control glucémico en pacientes con diabetes u obesidad son muy contradictorios. Lo que quiero comunicarles hoy día es por qué algunos de estos edulcorantes artificiales realmente no son buenos y, de hecho, pueden ser malos.
Una serie fascinante de experimentos
Veamos una serie fascinante de experimentos del Instituto de Ciencia Weizmann. [1]
Primeramente, dieron a ratones tres edulcorantes artificiales: sacarina, sacarosa (Splenda®) y aspartame. (Estos son los tres edulcorantes artificiales que más se utilizan pero también hay otros tres más). Compararon a los ratones que fueron alimentados con estos edulcorantes con ratones que recibieron comida habitual y glucosa o sacarosa, que son azucares absorbibles. Al final del experimento de 4 semanas, se observó un profundo efecto sobre el control glucémico de los ratones a los que se les alimentó con edulcorantes artificiales no calóricos; tuvieron una desregulación importante del control de su glucemia. La sacarina tuvo el efecto más acentuado, así que llevaron a cabo otro experimento utilizando una dosis más baja de sacarina, el cual demostró el mismo tipo de agravamiento de la glucemia en los ratones.
¿Estuvo este efecto relacionado con el microbioma? Sabemos que los glúcidos pueden ser fermentables; los glúcidos no calóricos pueden presentarse al tubo digestivo y el microbioma puede aprovecharlos. El microbioma puede convertirlos en sustancias que pueden fermentarse y luego regulan por incremento determinadas vías metabólicas por sí mismos, a través de productos de degradación, o pueden tener un efecto prebiótico. En un efecto prebiótico, la sustancia ingerida puede de hecho ser tóxica a causa de los productos de desecho metabólico que las bacterias generan y pueden suprimir a otras bacterias o pueden favorecer la proliferación de las bacterias malas, creando lo que llamamos disbiosis intestinal.
En el modelo de edulcorante artificial, los investigadores del Instituto de Ciencia Weizmann durante 4 semanas administraron antibióticos a los ratones con intolerancia glucémica provocada por el edulcorante artificial. Demostraron que los antibióticos contrarrestaban este efecto sobre la intolerancia a la glucemia. Así que los antibióticos dirigidos a las bacterias de hecho corregían el control de la glucemia y lo normalizaban. Esto parece indicar que la microflora fue parte integrante de esto, si no es que el elemento fundamental del problema
Avanzaron un paso más y analizaron algunas de las consecuencias metabólicas, incluyendo lo que llamamos metagenómica, donde las vías son reguladas por incremento por algunos de estos cambios bacterianos. Lo que observaron fue que hubo una serie de regulaciones por incremento en las vías. Una regulación por incremento de la vía, en concreto, en los ratones alimentados con sacarina, fue un aumento en la vía de degradación de glicano. Esta es la vía que se ha relacionado intensamente -no solo en los ratones sino también en seres humanos- con diabetes y obesidad. Además de la vía de degradación de glicano, otras vías en los ratones alimentados con sacarina fueron reguladas por incremento, por ejemplo, las vías que intensifican el metabolismo de almidón, sacarosa, fructuosa y manosa así como la biosíntesis de folato, glicerolípido y ácidos grasos. En cambio, los ratones que no recibieron la sacarina no tuvieron estos efectos. Estas regulaciones por incremento metagenómicas están bien reconocidas como vías que se expresan y que se intensifican en la diabetes y en la obesidad. Lo que demostraron cuando analizaron el microbioma y el perfil genómico de las bacterias fueron incrementos en las bacterias pertenecientes al género Bacteroides y la orden Clostridiales y reducciones de la especie Lactobacillus reuteri en los ratones alimentados con sacarina. De nuevo, podemos ver que no solo hay una disbiosis, sino que hay un patrón que es reproducible en estos estudios.
Hallazgos también relevantes para los seres humanos
En seguida, evaluaron estos hallazgos en seres humanos, utilizando una base de datos con caracterización nutricional en un gran número de pacientes, mediante la obtención continuada de datos.[1] Identificaron a 381 no diabéticos en su base de datos, con casi 44% varones. Analizaron las relaciones con el control de la glucemia y la ingestión de edulcorantes artificiales no calóricos. Tuvieron una forma muy dinámica de analizar el recuerdo de los alimentos ingeridos mediante un cuestionario de antecedentes alimentarios validado.
Cuando analizaron esto y lo corrigieron con respecto a la exposición a edulcorantes artificiales no calóricos, observaron incrementos en sustancias que se esperarían del modelo del ratón. Hubo incrementos en la hemoglobina A1c, más prediabetes, disminución de la tolerancia a la glucosa, alteración de la glucosa en ayunas e incremento del peso corporal y de los cocientes cintura a cadera. Así que se observó este patrón de obesidad central en el síndrome metabólico. Todos estos cambios estuvieron relacionados con esta exposición a edulcorantes artificiales no calóricos, y al parecer hubo un efecto relacionado con la dosis. En otras palabras, las personas que utilizaban más de estos edulcorantes artificiales no calóricos tenían incluso efectos más acentuados.
Esto no quedo allí, avanzaron un paso más y analizaron a siete participantes delgados sanos y les proporcionaron la ingesta diaria de sacarina aceptada por la Food and Drug Administration de Estados Unidos. Analizaron el efecto glucémico como una respuesta únicamente a la ingestión de sacarina, con comidas normalizadas. He aquí que 4 de los 7 participantes presentaron de hecho alteración de la tolerancia a la glucosa y fue notablemente anómala su respuesta glucémica en relación con las del inicio. De hecho, el valor de la p fue < 0,001 en su relación con su cambio con respecto al inicio. Así que 4 de los 7 participantes tuvieron intolerancia intensa a la glucosa.
También analizaron la respuesta en el microbioma y observaron que ocurrieron cambios intensos en estos 4 participantes. Los 3 participantes que no tuvieron la intolerancia a la glucosa también fueron objeto de un análisis del microbioma, pero al parecer no fue diferente de su análisis al inicio. Así que algo en estos 4 participantes realmente pareció modificarse. Cuando estos pacientes reanudaron su alimentación normal y suspendieron su ingesta de sacarina, volvieron a recuperar su tolerancia a la glucosa normal.
Luego analizaron las heces de estos 7 participantes y efectuaron transposición de las mismas a ratones. Los ratones sin microorganismos recibieron las heces de los 4 participantes con intolerancia a la glucosa; presentaron también intolerancia a la glucosa. Por consiguiente, este fue un fenómeno transmisible utilizando un trasplante fecal.
Un efecto profundo
Los edulcorantes artificiales a menudo se utilizan en todo el mundo para tratar de disminuir la exposición a la glucosa, incrementar el control de la glucemia y disminuir la tendencia a la obesidad. De hecho, lo que estamos observando es que estos edulcorantes artificiales en realidad tienen un profundo efecto sobre las consecuencias metabólicas relacionadas con la disbiosis, pese a que no tienen calorías. Esta disbiosis estimula una serie de vías diferentes que posiblemente aumenten el riesgo de presentación de diabetes o exacerben el descontrol de la glucemia en pacientes con diabetes, y lo mismo para la obesidad.
A medida que tratamos de mejorar estos estados patológicos, de hecho podemos estarlos agravando. Para concluir, comprador, cuidado con los pacientes que tienen diabetes u obesidad. Esto edulcorantes artificiales ciertamente pueden ser parte, si no es que la causa principal del problema, y los pacientes deben comentar con su médico el empleo de estos edulcorantes. Los médicos que recomiendan estos edulcorantes deben reflexionar y reevaluar realmente sus recomendaciones, sobre todo a sus pacientes con diabetes y obesidad. De hecho, tal vez estemos lidiando con un lobo disfrazado de cordero.
Soy el Dr. David Johnson. Gracias por su atención.
1. Suez J, Korem T, Zeevi D, et al. Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota. Nature. 2014;514:181-186. Abstract
Fuentes: Edulcorantes artificiales: ¿un lobo disfrazado de cordero? Medscape. 18 de abr de 2016.
http://espanol.medscape.com/verarticulo/5900324


 
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