jueves, 1 de octubre de 2020
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Titulares


Arco de Triunfo, ParisLas costumbres víricas apuntaban a la estacionalidad del nuevo coronavirus. Varios estudios parecen ir confirmando su repulsión hacia la humedad y las temperaturas elevadas.

Una de las dudas, y esperanzas, frente a la pandemia por el SRAS-CoV-2 era si se vería afectado por la temperatura, por la llegada del calor. Varios estudios chinos ya habían alentado esa posibilidad, así como experimentos de laboratorio y experiencias previas con otros coronavirus y virus de la gripe. Así, un ensayo en laboratorio publicado en abril en The Lancet Microbe había comprobado que el SRAS-CoV-2 era muy estable a 4 °C pero sensible al calor. El tiempo de supervivencia del virus fue de 5 minutos a una temperatura de incubación de 70 °C, y a 22 ºC el virus desaparecía a los 14 días y duraba un día a 37 ºC. ¿Tendría por tanto características estacionales? Tres estudios que se acaban de publicar en Science of the Total Environment parecen confirmar esas sospechas.
En el primero de ellos, un equipo de la Universidad Federal de Tocantins, en Brasil, ha analizado la relación entre la temperatura y los casos confirmados recopilados del 27 de febrero al 1 de abril en las 27 capitales de estado de Brasil afectadas por el coronavirus. Los modelos aplicados sugieren una relación lineal negativa entre las temperaturas y los casos diarios acumulados de Covid-19 en el rango de 16,8 °C a 27,4 °C. Cada aumento de temperatura de 1 °C se asoció con una disminución de -4,8% en el número de casos diarios confirmados. En este estudio, que presenta las temperaturas tropicales de Brasil, la variación en las temperaturas promedio anuales osciló entre 16,8 °C y 27,4 °C. Los resultados indican que la curva se aplanó en un umbral de 25,8 °C, si bien no hay evidencia, por falta de datos, que respalde que la curva disminuyera para temperaturas superiores a 25,8 °C.
El segundo estudio, a cargo de Al Asyary y Meita Veruswati, de dos universidades de Indonesia, analiza la correlación entre la exposición a la luz solar y el pronóstico de enfermos de Covid-19 en Yakarta (Indonesia). Examinaron las tasas de incidencia, muerte y recuperación. Solo el número de pacientes recuperados se correlacionó significativamente con la exposición a la luz solar. Los autores matizan que la luz solar no basta para eliminar al virus, por lo que no previene la infección, pero ayuda a mantener el estado de salud de los contagiados. Es sabido que la luz solar estimula el sistema inmunitario, lo que ralentiza el desarrollo de agentes como la influenza, la tuberculosis y el SARS. En este caso, los pacientes de Covid-19 que disfrutaron de luz solar mientras eran atendidos, ya sea en hospitales o en el hogar, tenían más probabilidades de recuperarse de la enfermedad. Puede que a ello contribuya la producción de vitamina D, que potencia la inmunidad.
En el tercer estudio, el equipo de Yu Wu, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Pekín, ha explorado los efectos de la temperatura y humedad en los casos diarios y muertes por Covid-19 en 166 países, excluida China. Basándose en la influencia de los parámetros meteorológicos sobre las infecciones respiratorias, han observado que la temperatura y humedad relativa se relacionaron de modo negativo con la progresión de la infección. Un aumento de 1 ºC se asoció con un 3,08% de reducción en los nuevos casos diarios y con un 1,19% menos de nuevas muertes, mientras que un aumento del 1% de la humedad relativa causaba un 0,85% de reducción de nuevos casos y un 0,51% de reducción en las muertes. La baja humedad parece que facilita que las partículas virales sobrevivan más tiempo en el aire. Además, reduce la capacidad de las células ciliares de las vías respiratorias para eliminar esas partículas virales y secretar moco, exponiendo así al huésped al virus.
De Hokkaido a Okinawa
En la misma línea, el equipo de Mugen Ujiie y Shinya Tsuzuki, del Centro Nacional de Salud Global de Tokio, en Japón, publica en International Journal of Infectious Diseases otro trabajo sobre la temperatura y la infectividad del SRAS-CoV-2. Con datos de las prefecturas (provincias) japonesas, evaluaron la relación entre el número de pacientes acumulado por millón de habitantes y la temperatura media en febrero de 2020 en cada prefectura. Tuvieron en cuenta el número de visitantes llegados de China en enero y la tasa de envejecimiento a fin de reflejar la heterogeneidad de las situaciones. Aunque la estacionalidad del SRAS-CoV-2 no ha sido empíricamente demostrada, es plausible que muestre alta infectividad en el invierno, como otros betacoronavirus. "Nuestros resultados sugieren que la baja temperatura puede acrecentar la infectividad de este virus. Okinawa, por ejemplo, la zona japonesa más meridional, de clima subtropical, solo ha registrado 3 casos. En cambio, Hokkaido, la más septentrional, en la zona subártica, tuvo el mayor número de casos registrados de Japón".
Los epidemiólogos nipones advierten de que hay que desglosar bien los focos de contagios y sus contactos sociales, así como las aglomeraciones urbanas, factores que lógicamente aumentan los casos. Aun así, observan que en Hokkaido hay una menor densidad de población que en Tokio y se ha visto más afectada que la capital japonesa. Es decir, tras ajustar otros factores, "sí parece que las bajas temperaturas muestran una fuerte relación con un mayor número de casos".
Quizá esta susceptibilidad al calor explique en parte el menor número de contagios, por ejemplo, en Andalucía. Sin embargo, la existencia de casos en África o en Australia indica que la elevada infectividad del SRAS-CoV-2 puede vencer en ocasiones temperaturas altas, por lo que no hay que confiarse demasiado y, mientras no desaparezca achicharrado por el calor o frenado por una vacuna, haya que seguir defendiéndose de sus garras con mascarillas, higiene, distanciamiento social y rápido control de los contagiados y sus contactos. La llegada del calor puede ser una tregua bienvenida, pero la presunta estacionalidad del nuevo coronavirus es a la vez una amenaza latente para el próximo invierno que se sumaría a la gripe anual y a las otras infecciones respiratorias que huyen del agua y de la luz.
José R. Zárate

Fecha:6/5/2020
Fuente:Diario Médico, España. https://diariomedico.com/medicina/medicina-preventiva/al-sras-cov-2-no-le-gusta-tomar-el-sol.html


 
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