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Diabetes. La epidemia del siglo

No. 2 febrero 2013
Los antidiabéticos orales
Poco antes del descubrimiento de la insulina se intentó tratar a los diabéticos con unos comprimidos que tomados por vía oral bajaban la glucosa de la sangre. Este preparado se llamaba Sintalina pero su acción era tan tóxica para el aparato digestivo que se suprimió definitivamente.
Unos veinte años más tarde, el clínico francés Profesor Janbon comunicó a un compañero farmacólogo, Augusto Luis Loubatiêres, de la Universidad de Montpellier, que los sujetos con enfermedades infecciosas que estaba tratando con sulfonilureas presentaban con frecuencia fenómenos de hipoglucemia.
Loubatières confirmó experimentalmente en animales las propiedades hipoglucémicas de este compuesto de sulfonilureas y demostró además que era necesaria la presencia del páncreas para que aparecieran esta hipoglucemias, que naturalmente estaban producidas por una secreción aumentada de insulina. Sin páncreas no se producía este efecto.
En 1955, dos alemanes, Franke y Fuchs publicaron el primer trabajo clínico demostrando la eficacia de las sulfonilureas en el tratamiento de muchos diabéticos adultos. Emplearon la carbutamida con éxito evidente en diabéticos leves y obesos.
En un principio, este descubrimiento fue atribuido a los alemanes ya citados, y esto le llenó de indignación a Loubatières, que fue realmente el descubridor de la acción hipoglucemiante de las sulfonilureas.
Resulta curiosa la coincidencia con lo sucedido en el descubrimiento de la insulina que aunque la gloria en este caso fue para Bantig y Best se olvidaron del rumano Paulesco que la descubrió ocho meses antes. En el caso del tratamiento oral de la diabetes se ha evidenciado la justicia de atribuirle la gloria a Loubatières, olvidando a Franke y Funchs.
Los primeros comprimidos que se emplearon en España para el tratamiento de la diabetes fueron lanzado por los laboratorios de las casas comerciales Hoechst y Boehringer que obtienen un preparado químico que administrado por la boca desciende la glucemia de los diabéticos, que es la sulfonilurea.
El Nadisan, Invenol, Rastinón y Diabenese son nombres que recordaran muchos diabéticos. El Nadisan era muy activo pero, con cierta frecuencia no se toleraba bien. El Rastinón se toleraba perfectamente pero era de acción débil.
El Diabenese, que fue uno de los más utilizados en los años 60, tenía la ventaja de una acción muy eficaz y prolongada, pero que a veces, producía reacciones desagradables si el diabético tomaba un poco de alcohol.
Más tardes surgen los primeros nuevos comprimidos llamados de la segunda generación entre los que se destacan la glibenclamida con el nombre comercial de Daonil o Euglucón. Estos siguen empleándose en la actualidad(1989) pero a ellos se han añadido dos muy dignos de mención como son la glicazida y la gliquidona, cuyos nombres comerciales son respectivamente Diamicron y Glurenor.
El mecanismo de acción de todos estos comprimidos a los que hemos hecho referencia consiste en estimular las células beta del páncreas que son las que segregan insulina para verterla en la sangre y por lo tanto son útiles en los casos de diabetes leve que no responden a la dieta y, entonces, la ingestión de estos comprimidos es equivalente a una inyección de insulina, con la diferencia que esta insulina es la que tiene el propio diabético todavía en su páncreas, y no la insulina que ponemos en inyección, que fue siempre insulina de cerdo o de vaca hasta que se ha conseguido sintetizar una insulina igual que la humana.
Por esta razón se explica que en la diabetes infantil, donde no hay insulina en el páncreas, los comprimidos no sirven para nada. Por la misma razón, tampoco sirven en la mayoría de las diabetes juveniles y en bastantes casos de diabetes del adulto y de la vejez. Muchas veces los médicos nos vemos obligados a un tratamiento de la diabetes con comprimidos para satisafacer el deseo del paciente e intentamos el tratamiento de esta forma, pero si al mes de estar tomando tres comprimidos de los que se utilizan ahora, la diabetes sigue descompensada, podemos hablar de un fallo primario. Hay otro tipo de fallo que llamamos secundario, es decir, cuando el paciente se encuentra con buenos análisis después de varios meses de tratamiento nos encontramos con análisis francamente malos. Este fallo secundario es debido muchas veces al abandono de la dieta y otras a que el páncreas ha agotado su posibilidad de formar insulina.
El mecanismo de acción de estos fármacos es múltiple: por una parte estimulan la secreción de insulina producida por las células beta del páncreas, pero también reducen la formación de glucógeno en el hígado y en el músculo, disminuyendo el paso de glucógeno a glucosa en el hígado. Disminuyen los ácidos grasos en el plasma, favorecen la captación de glucosa a nivel celular, porque aumentan el número de receptores celulares para la insulina. La administración prolongada de sulfonilureas se acompaña de un aumento de estos receptores. Otras acciones de estos fármacos son las de inhibir la formación de acetona y estimular la captación de triglicéridos por el tejido adiposo.
La acción hipoglucemiante de los comprimidos antidiabéticos se realiza a través de muchos mecanismos que convergen en reducir la glucosa elevada de estos pacientes. Los diabéticos adultos y con discreto sobrepeso que se están inyectando menos de 30 U de insulina pueden responder favorablemente a este tratamiento oral o, por lo menos, vale la pena intentarlo. Todos estos comprimidos de los que hemos hablado están contraindicados en la diabetes juvenil, embarazo, insuficiencia renal o hepática y operaciones quirúrgicas.
Tomado de: La Diabetes, tres mil quinientos años de historia.
Dr. José Luis Rodríguez Miñón
Ed. NovoNordisk, 1989
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