miércoles, 8 de septiembre de 2021
 
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Alimentación sana

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No. 11. nov. 2012

Se aprende en casa

¿Cómo se come en su casa? Ya me imagino que la mayoría de ustedes, si me atrevo a hacerles esa pregunta que suena como bastante indiscreta, me contestarán que "muy bien". No lo dudo; pero mi pregunta no va por ahí.

No me refiero a qué comen, sino a cómo lo hacen. Más concretamente: ¿comen ustedes en familia, a hora más o menos fija, o lo hacen cada cual a su aire?

El mundo, especialmente el que se llama a sí mismo "primer mundo", ha cambiado mucho en los últimos años. Centrémonos en la comida que para muchos era la principal: la del mediodía. Antes, lo normal era hacerla en casa, con la familia reunida al completo en torno a la mesa.

La pausa laboral era mucho más larga que ahora y las distancias, menores. Había tiempo de ir a casa y comer con la familia.

En cuanto a la cena, es bastante irregular: mucha gente llega a casa, se pone más o menos cómoda se prepara una bandeja con lo que encuentra a mano, quizás pasado por el microondas, y se apalanca en un sofá ante el televisor, o sitúa la bandeja al lado de su PC, o su Mac, y come al tacto, con los ojos en la pantalla.

¿Un tributo a los tiempos? Es posible. Como todo tributo, poco grato. Y una de sus consecuencias más visibles es la obesidad infantil, plaga de los países del  "primer mundo". Pero eso es asunto de médicos más que de gastrónomos.

Todos sabemos que no es fácil que un niño adore las verduras, y que lo más frecuente es que el pescado le haga poca gracia; pero es en casa, con su familia, donde puede aprender que la comida incluye más cosas que pasta, ensaladas, croquetas, pizza y hamburguesas, y que, además de dulces industriales, hay maravillosos postres caseros y frutas. Ve esas cosas en la mesa, forman parte de su entorno, no le son extrañas.

Las comerá, antes o después. Son, aunque no se dé cuenta, una parte de su cultura, y una parte irrenunciable.

Naturalmente, en esa etapa se adquieren filias y fobias que hay que saber superar a medida que se van conociendo nuevas experiencias gastronómicas: hay que tener algo de curiosidad y cuantos menos prejuicios mejor para convertirse en un gourmet.

No afirmaré que "la familia que come unida permanece unida"; pero sí que aseguro, rotundamente, que quien está acostumbrado a comer en familia aprende a comer muchísimo mejor, en todos los sentidos. En el gastronómico, en el cultural y, por supuesto, en el social.

Fuente: EFE

 
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