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Salud, es el tema

Ponderable acción de Cuba en su programa nacional contra la lepra

24 de enero, 2004

El más reciente informe de la Organización Mundial de la Salud, OMS, acerca de la situación global de la lepra señala que en el continente africano hay una prevalencia de 53 mil 888 enfermos, mientras que en América ese indicador llega a 75 mil 686.

El reporte añade que en el Este del Mediterráneo existen 7 mil 899 personas afectadas, en tanto el Sudeste Asiático acumula la cifra mayor de pacientes con 385 mil 458. En el Oeste del Pacífico se indica 11 mil 335 y en Europa 45.

El resultado total de las anteriores localizaciones muestra que hay una prevalencia de 534 mil 311 enfermos de lepra en el 2003, de acuerdo con los datos emitidos por 110 naciones.

En cuanto a los casos detectados en el transcurso del 2002, en Africa aparecen 48 mil 248; en América, 39 mil 939; Este del Mediterráneo, 4 mil 665; Sudeste Asiático, 520 mil 632; Oeste del Pacífico, 7 mil 154 y Europa, 34. Estos datos elevan el referido rubro en 620 mil 672 personas aquejadas por ese mal.

Eso es lo que ocurre a escala universal y en Cuba qué acontece, se preguntarán nuestros lectores.

Esta y otras interrogantes vinculadas con el programa nacional de lepra y a propósito de la celebración del Día Mundial contra esa enfermedad mañana domingo, condujeron a Salud, es el Tema hasta la Dirección Nacional de Higiene y Epidemiología del MINSAP.

Allí nos recibe cortésmente la doctora María Elena Alonso Gómez, quien funge como la principal responsable del aludido programa desde hace cinco años.

Por primera vez, dice, se crea un programa en 1962; anterior a esa fecha se realizan una serie de actividades o acciones quer estaban dirigidas por el Patronato para la profilaxis de la sífilis, la lepra y enfermedades cutáneas. Este organismo existió oficialmente desde 1944.

No es hasta 1962 que se establece el primer programa de control con una serie de actividades, que están organizadas por el sistema nacional de salud.

Los programas han tenido como propósito reducir la incidencia y la prevalencia de la lepra en Cuba y entre sus objetivos figura lograr un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno de los enfermos.

También investigar epidemiológicamente cada enfermo nuevo en busca de la fuente de infección y un posible paciente secundario.

Igualmente ha sido importante realizar la vigilancia epidemiológica de las personas que están en riesgo, sentenció.

Aquéllas son estudiadas mediante un examen dermatoneurológico durante cinco años, puesto que en ese lapso ocurre el período de incubación promedio de la enfermedad.

Durante esa etapa, el individuo que se haya infectado podrá ser diagnósticado precozmente y por tanto su tratamiento y posterior evolución serán satisfactorios.

A partir 1962 en que se crea el primer programa nacional de control de lepra, estos se han actualizado por los conocimientos que se han incorporado en el campo de la leprología y por el desarrollo que ha tenido el sistema de salud cubano.

En el año 1972 se elabora un segundo programa y se descentraliza la atención de la lepra a nivel de áreas de salud, lo cual fue un paso muy importante.

En el año 1977, con la descentralización en marcha, se confecciona un tercer programa y se utiliza una nueva droga, la rifampicina. En aquel momento se hacen búsquedas de contactos, y se ejecuta su quimioprofilaxis.

El cuarto programa acontece en 1988. Entonces se pone en práctica la llamada búsqueda activa en centros de trabajo donde ya fue diagnosticado un enfermo y donde existían, por supuesto, mayores posibilidades de que surgieran otros pacientes.

El quinto programa ocurre en el 2001 y su principal proyección tiene que ver con el fortalecimiento de la capacidad técnica de diagnóstico, desde el punto de vista clínico, microbiológico, y anatomopatológico, que son los tres pilares en que nos basamos para el diagnóstico de la lepra.

A lo anterior añadimos la labor educativa que practican nuestros médicos de familias en las comunidades, donde explican las tres verdades fundamentales sobre la lepra: que la afección se cura, que deja de ser trasmisible una vez que el enfermo comienza su tratamiento y no asociar necesariamente la lepra a las deformidades.

Este último argumento se basa que con un diagnóstico precoz y el tratamiento indicado, una persona puede curarse de lepra sin que aparezcan en su cuerpo las temidas deformidades.

Nuestra entrevistada, de 48 años y especialista de primer grado en epidemiología, agrega que en 1944 se hizo el primer censo de lepra en Cuba el cual indicó mil 960 enfermos.

En 1962 se hace un nuevo censo y la cifra de personas con lepra aumentó a 4 mil 020.

Esta prevalencia de la lepra va descendiendo paulatinamente y puedo citar como ejemplo que en 1989 con la utilización de la terapéutica de multidrogas se aprecia una tasa de 4,2 x 10 mil habitantes.

En 1991 la OMS lanzó el propósito de eliminar la lepra como problema de salud para el año 2000. Cuba alcanza este objetivo en 1993, donde se consigue una tasa de 0,79.

En los últimos años, al cierre del 2002, Cuba exhibía una tasa de 0,4 x 10 mil habitantes que en términos numéricos equivale a tener 421 enfermos registrados en todo el país, cifra que disminuirá notablemente cuando se divulguen las estadísticas del 2003 referidas a la prevalencia.

En lo relativo a la incidencia, el número de nuevos casos se mantiene con una tendencia estable.

Quiero insistir, finalmente, en que en situaciones de baja prevalencia, como es el caso de la lepra, es muy importante mantener un sistema de vigilancia eficiente que permita detectar oportunamente la morbilidad que pueda existir.

La estrategia cubana ha consistido en mantener y perfeccionar esa vigilancia.

Considero que descentralizar la actividad contra la lepra y al mismo tiempo integrarla al nivel primario de atención, han facilitado las acciones del programa.

Cuba ha mantenido esta línea desde hace años y en esta nueva etapa en que nos encontramos, logrado el objetivo de la OMS desde 1993, la sistematicidad en todas las acciones del programa y la capacitación de los recursos humanos, debe ser un propósito permanente en todas las instancias del sistema de salud cubano.


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