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Salud, es el tema

Venezuela me hizo más joven

15 de enero de 2005

NECESARIA INTRODUCCIÓN. Nos llena de regocijo abrir un espacio en nuestra sección para insertar la entrevista realizada por el colega Luis Hernández Serrano, del diario Juventud Rebelde, relacionada con el trabajo desplegado por Franklin Reyes, fotorreportero de JR, en Venezuela.

La nota coloca en un primer plano los momentos esenciales vividos por Reyes durante casi diez meses en esa hermana nación sudamericana, de los cuales surgió su exposición denominada Al sur de mi lente, expuesta en Caracas y luego en Cuba, durante la celebración del Vlll Congreso de la UJC.

Afloran aquí la sencillez y la franqueza del entrevistado, así como sus impactantes experiencias en el orden profesional y personal.

Se trata de un válido acercamiento al entorno de un país que no es ajeno al nuestro y del cual aprendemos un poquito más bajo la "mirada" de este artista del lente.

 (foto: Roberto Suárez)

"Uno de los momentos más emocionantes de mi vida como fotorreportero fue cuando el Comandante Hugo Chávez, a las puertas del Palacio de Miraflores, me saludó, me dio la mano, se fundió en un abrazo conmigo al saber que yo era el enviado de Juventud Rebelde y me dijo: "Epa, chamo, ¿cómo está todo?".

Con una gorra azul oscuro donde brilla una letra C de color blanco, de un equipo cubano, el colega del diario, Franklin Reyes, se ve y está feliz, porque cumplió la tarea que le dio la dirección del periódico.

Varios años lleva Franklin corriendo detrás de la noticia como reportero gráfico de nuestro diario.

A él se debió la imagen de aquella placa médica donde se aprecia cómo un joven fumigador cubano se tragó un pez vivo y lo tenía coleando en el esófago, "uno de mis primeros palos periodísticos" como fotógrafo.

Se caracteriza Franklin por una sonrisa perenne en los labios, su dinamismo, y por su temperamento parecido a "un paquete de gofio delante de un ventilador".

Por su capacidad de trabajo, sus conocimientos de computación y sus constantes iniciativas periodísticas. Puede afirmarse también que "lo mismo plancha un huevo, que fríe una corbata".

-¿Qué piensas de tu estancia reporteril en Venezuela?

-Es lo más asombroso que me ha pasado en mi vida. Fue una experiencia increíble, todavía la estoy procesando mentalmente y extraño ese país como extrañé a Cuba estando allá, ¡qué contradicción!, ¿verdad?

"¡Ni idea tenía yo de lo que me iba a encontrar en esa tierra mágica, sorprendente, donde el paisaje es tan bello y multicolor como el propio pueblo, no solo el citadino, sino el hombre de campo y en particular el indígena!".

-¿Cuándo te fuiste para allá?

-Salí el 4 de febrero del 2004 y recorrí casi todo el país. De los 24 estados o provincias, solo me faltaron por conocer Falcón y Apure.

-¿Cómo supiste que partirías con esa misión?

-Estaba en mi casa; por la noche me llamó nuestro director por teléfono y me dijo que me recogerían enseguida, pues tenía que conversar conmigo algo muy importante.

Me puse a pensar qué disparate había cometido que me mandaban a buscar con esa premura.

"Pero nada, me recibió con una sonrisa que alivió mis tensiones y me dijo: Siéntate, que te voy a encargar una tarea muy importante para ti como profesional y como persona.

Te hemos designado para que vayas rumbo a Venezuela a captar como fotógrafo las vivencias de ese proceso revolucionario. Estoy seguro de que va a ser una experiencia provechosa para tu formación, porque tú estás joven todavía. Y me dio algunos consejos".

-¿Te fueron útiles esos consejos?

-Claro. Me dijo que iba a beber de una escuela cotidiana, de un proceso nuevo que va echando sus raíces y lleno de interesantes detalles y contradicciones propias de una sociedad que se va liberando completamente y en forma gradual. Como ha ocurrido en Cuba.

Y fue una experiencia impresionante, la mejor de mi vida como fotógrafo.

-¿Captaste con tu cámara imágenes curiosas?

-Bueno, yo hice fotos buenas y fotos. De ellas seleccioné 70 y las coloqué en mi primera exposición personal, allá en Caracas, en el local donde Martí impartió clases, en un seminario que es ya histórico, y donde hoy se encuentra la Casa Nuestra América José Martí.

"Fueron 70 fotos de 30 por 40 centímetros, en colores, y estuvieron a la vista del público un mes. De ellas escogí 25 para exponerlas aquí en la Redacción del periódico".

-¿Cuál fue tu vivencia más impactante?

-Aparte del efusivo saludo de Chávez, desandar las calles, conversar con el pueblo y participar como reportero el día del referendo, el 15 de agosto.

-Cuéntanos...

-Yo estaba albergado en el centro de Caracas, en un hotel en realidad viejo, pero fuerte, de 25 pisos.

Tenía la cámara digital Nikon D100 nueva que me dio el periódico y estaba a la expectativa de lo que iba a ocurrir en el referendo, todo un acontecimiento.

"Chávez había dicho en su programa Aló, Presidente, que ese día se tocaría una diana a las tres de la madrugada, pero Pastor Batista, el colega de Granma y yo nos levantamos a las dos y media y a los pocos minutos ya estábamos haciendo entrevistas en las calles.

Ya a esa hora abarrotándose de gente, muchos vestidos de rojo. Varias veces tuvimos que volver al hotel, para descargar en la computadora las imágenes.

Para mí fue como vivir dentro de una fabulosa película, pero era todo en vivo, a color y en directo".

"Recuerdo que fuimos al Centro Nacional Electoral (CNE) y de allí hacia la parroquia (municipio) donde votó Chávez, la 23 de enero. ¡Allí es revolucionario hasta el gato!

¡Yo quisiera que ustedes hubieran visto eso! La emoción yo la llevaba por dentro".

-¿Cuál fue tu instante más duro?

-Varios meses antes, estando en el Tribunal Supremo se formó un corre corre y salí también corriendo de allí con mi cámara, más bien para protegerme que para tirar la foto, para qué voy a decir mentira.

Me dio por huirle al lugar. Yo nunca salía solo, me lo habían pedido los propios colegas bolivarianos. Pero debía tomar las fotos de la calle, pues frente al televisor un fotógrafo apenas sirve.

"Me puse a tirarle fotos a un personaje, un mulato achinado con unos espejuelos, vestido de forma llamativa, curiosa y sentí que alguien me gritaba que allí nadie quería fotógrafos ni fotografías.

"De pronto me rodearon. Parecía que iban a caerme a golpes. Grité de dónde yo era: ¡soy cubano, coño!, pero en la locura y la bulla, no me entendían o no me oían.

Y cuando más en peligro me vi, rodeado completamente, entró al ruedo una mujer venezolana, revolucionaria y alertó quién yo era.

"Enseguida reaccionaron y me dejaron tranquilo, aunque algunos de ellos pelearon entre sí, como criticándose por una actitud no bien pensada".

-¿Alguna otra anécdota?

-Sí, en un yate partimos hacia la Isla Borracha, en el estado de Anzoátegui. El yate nos acercó, y después en un bote llegamos hasta la isla.

La tierra firme quedó a unos 30 minutos de navegación. Fue una experiencia maravillosa, pues la naturaleza en esos parajes es como un milagro.

"Los habitantes de la isla poseen una planta eléctrica. Y un médico cubano va a atenderlos los fines de semana".

-¿Algo del folclore venezolano?

-Lo más folclórico que vi fueron los indígenas. Hablan poco el castellano, aunque nos entienden. Yo les tiraba fotos y ellos decían: "El que tira fotos, paga freco", refiriéndose a los refrescos.

"Los primeros indígenas los vi en Zulia, en Casusai. Las mujeres usan un batilón hasta los tobillos y los hombres andan en taparrabos. Las mujeres se pintan el rostro con un fango de poderes medicinales que les pone el cutis muy suave y bonito.

Allí estuve un día completo tirando fotos y respirando el aire puro. ¡Un verdadero privilegio profesional! Viven de la pesca. Vi también indígenas en la zona del Amazonas, ¡algo increíble esas estampas!".

-¿Algún otro momento difícil?

-Sí, estuve cerca de algunos disturbios de la oposición. Los venezolanos los llaman "guarimbas". Quemaron cauchos o gomas.

Bloqueaban el tránsito con rastras, les tiraban piedras a la Guardia Nacional en forma provocativa y ofensiva. Incitaban al pueblo a hacer todo eso en contra del proceso.

-¿La experiencia más educativa?

-Todo fue educativo, pero lo más hermoso fue para mí el regalo que me hizo un amigo venezolano: un documental titulado Puente Llaguno, clave de una masacre.

"Él reunió todo lo publicado sobre el golpe de estado y halló la verdad. La CNN y los medios privados de la oposición publicaron con énfasis una vista de bolivarianos disparando contra los enemigos de Chávez que venían marchando pacíficamente, pero no era cierto.

Disparaban contra la Policía Metropolitana y francotiradores de la oposición que mataron a 18 personas, una masacre. Por esas vistas le dieron al manipulador el Premio Rey de España.

Todo estaba preparado, pagado y organizado por Estados Unidos; el documental prueba cómo los medios enemigos apoyan y promueven un golpe de Estado contrarrevolucionario. Ese documental lo he visto 15 veces. Me apasiona su verdad".

-En fin, ¿cómo viniste de allá?

-Muy feliz, mejor fotógrafo, mejor persona, más revolucionario y... ¡más joven! ¿Por qué no?

(Tomado del sitio web del diario Juventud Rebelde.)


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