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Salud, es el tema

La acción ideal: cambiar estilos de vida

Lunes, 15 de noviembre 2004

Debatir, analizar, reflexionar en torno a las enfermedades cardiovasculares es un proceder sumamente sensato en cualquier lugar del mundo.

En Cuba, por ejemplo, el 17% de los fallecidos tiene por causa un infarto del miocardio. Los expertos ratifican que ahora no hay ninguna otra afección que provoque tanta letalidad.

Acaban de concluir, en La Habana, las sesiones de trabajo de la Primera Jornada Nacional de Jóvenes Investigadores en Cardiología y Cirugía Cardiovascular Florencio Gamio in Memoriam.

En concordancia con este evento Salud, es el Tema inserta, muy a gusto por cierto, la opinión del profesor Alfredo Dueñas, Jefe del Grupo Nacional de Cardiología, en torno al control de los factores de riesgo y su relación con las enfermedades cardiovasculares.

Antiguamente, señala, se valoraba la presencia de los factores de riesgo de forma individual. Se conoce que los factores de riesgos contribuyen a incrementar las probabilidades de que una persona pueda enfermar.

Te puedo citar una estadística que ilustra visiblemente lo expuesto: y es que la frecuencia de las enfermedades cardiovasculares entre los fumadores es casi el doble que los que no tienen ese hábito.

Lo que nos encontramos actualmente es que no se presenta un solo factor de riesgo, por lo cual se ha establecido el concepto de riesgo cardiovascular total.

Es la persona que puede tener una hipertensión arterial, una diabetes, ser obeso y ser fumador.

Hoy en día las técnicas tratan de estimar el riesgo que tienen los individuos de enfermar en los próximos años sobre la incidencia de ese conjunto de factores y así se define ese riesgo como alto, medio o bajo. Luego se establece una estrategia para cambiar esa situación.

Esa estrategia puede ser para tratar al individuo de alto riesgo o tratar a todo el mundo, pero eso va a depender de muchas circunstancias de tipo económico, de tipo tecnológico, etc.

En estos momentos estamos haciendo un ensayo en un centro laboral de más de 600 trabajadores para estimar el riesgo cardiovascular de todos ellos y luego establecer una serie de programas para modificar ese riesgo.

Me estoy refiriendo a un programa para eliminar el hábito de fumar, y para controlar la hipertensión arterial y el peso corporal, que nos permitan finalmente disminuir el riesgo de enfermedad de esta población.

Muchos trabajadores del Hotel Meliá Cohiba, lugar donde estamos realizando este pesquisaje, me dicen: me siento bien, tengo todo bien, y nosotros les argumentamos: esto se hace para que no te enfermes en el futuro, para disminuir el riesgo de enfermedad en el futuro.

La idea, recalca, es hacer este estudio allí (es uno de los primeros que se realiza en Cuba) y después extenderlo a una comunidad y luego a un municipio.

Lo expresado por Hipócrates dos mil 500 años antes de nuestra era tiene total vigencia: cambiar estilos de vida, vivir más sanamente, que tiene que ser el objetivo final de todo este trabajo.

Te digo más: ahora se están planteando metas de vivir 120 años y de tener una expectativa de vida de 80 años. Para conseguir estas ambiciosas metas es indispensable cambiar estilos de vida.

No podemos agredirnos constantemente y vivir 120 años; no podemos fumar y vivir 120 años; no podemos estar obesos y vivir 120 años; no podemos tener una hipertensión arterial mal controlada y vivir 120 años.

Llevar el concepto de riesgo cardiovascular al nivel primario de atención

En Cuba tenemos en la actualidad más de 2 millones de hipertensos y alrededor de 600 mil personas padeciendo de cardiopatías isquémicas.

Estas cifras evidencian qué magnitud tiene el problema de salud que estamos afrontando y la necesidad que tenemos de conducir una adecuada solución en el nivel primario de atención.

Es necesario llevar nuestros conocimientos a los médicos de familia, a los médicos integrados en el sistema de atención primaria; tenemos que contribuir a la mejor formación de este personal especializado.

Puedo ofrecerte otros datos: En Cuba, anualmente, se producen alrededor de 14 mil infartos y algo más de 4 mil personas perecen antes de llegar al hospital, que se pudieron salvar, por ejemplo, si un individuo estaba advertido.

A veces una persona muere porque no sabe que tiene un infarto. En muchas ocasiones el individuo pierde tiempo y se conoce la importancia de abordar esta afección con la mayor prontitud posible.

Una tarea nuestra es decirle a un individuo que está en alto riesgo de tener un infarto e informarle que ante un dolor en el pecho no perder tiempo y acudir inmediatamente al médico.

Eso nos está pasando frecuentemente que no tenemos una población suficientemente educadada en este sentido. Tengo plena convicción de que la solución de este problema está en el nivel primario.

En estos momentos y a partir de una propuesta del Grupo Nacional de Cardiología, estamos confeccionando la proyección de nuestra especialidad en el nivel primario.

Ya estamos haciendo algunas cosas: nuestros especialistas están impartieno cursos, dando clases, colaborando en diferentes proyectos.

Estamos revisando el programa de la especialidad también y en el nuevo documento está contemplado un tiempo de rotación del residente de cardiología por el policlínico con otra concepción.

Él aprende y aporta. El hombre debe saber aportar y aprender al mismo tiempo, en cualquier actividad de la vida.

Muchas veces se salva una vida con el simple análisis de una situación determinada: qué está pasando en mi comunidad con el infarto, qué sucede que una persona se está demorando en llamar al auxilio médico.

Qué tenemos que hacer: crear más hospitales, no; educar mejor a la población.

Pienso que estos análisis nos posibilitarán tomar las medidas adecuadas, de tipo tecnológico, educativo, administrativo.

Cuántas veces nos hemos dado cuenta que ha aumentado la mortalidad por infartos por estar mal situado un cuerpo de guardia o un servicio de urgencia; porque un equipo no se halla en el lugar indicado.

Si me permites, quiero hacer una reflexión final: hace unos años atrás estábamos en presencia de una disminución de la mortalidad por causa de infartos y entre otros rubros en nuestra poblaciòn existía un 6% de obesos.

Esto se ha ido modificando y no podemos dormirnos en los laureles porque nos puede aumentar nuevamente el número de decesos por ese motivo. Basta decir que ahora tenemos un 21% de la población en situación de obesidad y un 32% en estado de sobrepeso.

Quiere esto decir que tenemos una ardua labor por delante, con el imperioso objetivo de cambiar este orden de cosas y lograr, como te decía al principio del diálogo, cambiar estilos de vida, vivir más sanamente....


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