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Salud, es el tema

Un pedacito de historia

Jueves, 19 de julio de 2007

Por José Antonio López Espinosa

Se les llama libros raros a aquellos que apenas son asequibles, ya sea por la escasa cantidad de ejemplares existentes o conocidos, o bien por la materia que abordan.

De acuerdo con esto, los libros antiguos como los incunables (los producidos en el período comprendido entre la invención de los tipos móviles por el alemán Johannes Gutemberg en 1449 hasta los primeros años del siglo XVI) están comprendidos dentro de esta modalidad documentaria.

Las primeras bibliotecas de las cuales se tiene conocimiento se ubicaron en los templos del antiguo Egipto. De esa época se conservan aún cuatro importantes papiros médicos que son los libros más antiguos que la representan.

La existencia de la imprenta conllevó un vertiginoso auge en la producción de libros, al punto de que en 1480 funcionaban en Europa cerca de 350 de ellas con una productividad aproximada de 20 millones de volúmenes.

En la mayor parte del siglo XV correspondió a los árabes la supremacía de las ideas médicas. Fue justamente en esa centuria cuando se publicaron 26 ediciones de la primera Materia Médica escrita por Massawaih de Damasco, que más tarde sirvió de base a la primera farmacopea londinense. En 1471 apareció el primer libro árabe de medicina, titulado De Medicinis Universalibus.

Si de libros raros y publicaciones médicas del continente americano se trata, hay que situar a México en posición de privilegio, pues es esta la nación que ostenta las primicias en cuanto a la producción de unos y otras.

Fue Tlaxcala el lugar donde en 1531 se imprimió el primer libro del Nuevo Mundo. Asimismo los primeros textos médicos que aparecieron en la región panamericana fueron Opera Medicinalia, de Francisco Bravo, en 1570; Summa de Chirurgia, de Alonso López de Hinojosa, en 1578; Tractado de Chirurgia, de Farfán, en 1579; Problemas de las Indias, de Cárdenas, en 1591; y Tractado de Medicina, también de Farfán, en 1592.

En cuanto a las revistas médicas, corresponde también al país azteca el sitio más alto entre los iniciadores en América, en virtud de la puesta en circulación en 1772 de Mercurio Volante, por José Ignacio Bartolache y Díaz de Posada.  

Tras graduarse de Doctor en Medicina en 1772, prefirió crear una publicación periódica ilustrada para divulgar asuntos relacionados con el arte de curar.

La primera revista salió el sábado 17 de octubre de ese año con el citado título, que mantuvo una frecuencia semanal con salidas los miércoles. Aunque daba prioridad a los aspectos vinculados a la medicina y a la física, trataba también otros temas de cultura general.

En el numero 16, correspondiente al 10 de febrero de 1773, se comunicó la suspensión temporal de la revista por dificultades en el despacho de los impresos y la deficiente indemnización de los costos de imprenta.

Esos inconvenientes quedaron sin solución, ya que nunca más volvió a salir. Después pasaron cerca de 25 años para que apareciera la segunda revista médica producida en el continente americano, titulada Medical Repository, publicada en Nueva York en 1797.

Además de ser México el país donde nacieron el primer libro raro y las primeras publicaciones médicas de América, tiene el privilegio de editar la revista médica dedicada a la medicina más antigua de las que circulan actualmente, a saber, la Gaceta Médica de México, que empezó en 1864.

Salta a la vista cuánta razón tenían los latinos al expresar su trascendental frase: verba volant, scripta manent (las palabras se las lleva el viento, los escritos quedan). Gracias a ello se ha podido reconstruir y divulgar este pedacito de historia.  


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