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Salud, es el tema

Una droga bajo piel de cordero

03 de marzo de 2007 

Por Lourdes Pérez Navarro

En los últimos tiempos la Organización Mundial de la Salud muestra preocupación ante la magnitud de los daños sociales provocados por el uso frecuente y embriagante del alcohol. Científicamente está demostrado que los perjuicios sociales determinados por la embriaguez en sujetos no alcohólicos, superan con creces los daños ocasionados por los pacientes alcohólicos.

En Cuba el 5% de la población mayor de 15 años de edad sufre tal padecimiento (índice que en otros países de nuestra región alcanza entre el 10 y el 15%); sin embargo, un número superior de cubanos ingiere bebidas alcohólicas de manera frecuente y embriagante, e integra el grupo de bebedores de riesgo, con altas posibilidades de dañarse a sí y a otros.

Dr. Ricardo González En opinión del doctor Ricardo González Menéndez, especialista de primer y segundo grados en Psiquiatría y profesor titular de la Facultad Universitaria de Ciencias Médicas Calixto García, en nuestra región aún no existe plena conciencia de las tragedias vinculadas a la ingestión embriagante de alcohol.

Internacionalmente ningún experto aboga por prohibir el consumo, pero sí la embriaguez; esta última conduce a grandes peligros, pues puede transformar al mejor de los seres humanos en la peor de las bestias, señala el doctor González Menéndez.


"La medida más efectiva dirigida a prevenir las tragedias vinculadas al consumo inadecuado de bebidas alcohólicas, en mi opinión, es desarrollar una actitud social de tolerancia condicionada: Quien decida beber, que lo haga, pero siempre con entera responsabilidad. Esto reviste mayor importancia en un país como el nuestro, donde la solidaridad humana, los valores morales y la dignidad representan principios básicos."

¿Qué ocurre en el adulto cuando ingiere alcohol con frecuencia y en exceso?

Su organismo sufre cambios tóxicos y metabólicos, sobre todo en el procesamiento de las grasas, las cuales son depositadas en las arterias y en el hígado. Tales alteraciones se producen con mayor rapidez y gravedad cuando el alcohol consumido —que resulta ser un "antialimento"—, equivale a más del 20% de las calorías de la dieta.

Esto explica por qué quienes beben en exceso corren serios riesgos de sufrir infartos cardiacos, trombosis cerebrales o padecer de hígado graso y, de seguir el consumo, también cirrosis hepática, pues las grasas llegan a niveles muy altos, y con ellas aumenta el llamado colesterol malo con disminución del bueno, lo cual determina la acumulación de grasa y la obstrucción en las paredes arteriales y en el hígado.

Según calculan los especialistas, el alcohol es el causante de la pérdida de entre 10 y 12 años de vida.

Quien convive con un alcohólico (no rehabilitado) y tiene que soportar años de estrés mantenido —por la incertidumbre implícita en la preocupación acerca de ¿cómo vendrá?, ¿qué habrá hecho en la calle?, ¿qué le hará a mis hijos?—, lo paga con pérdida de la salud, y la aparición de enfermedades como hipertensión, obesidad, infartos cardiacos y cerebrales, úlceras gastrointestinales, soriasis, depresión y hasta disminución del interés por la vida.

Lo importante es evitar llegar a ese estado, y si ya ocurrió, buscar con urgencia ayuda médica para la rehabilitación del adicto.

¿Cómo se puede lograr?

Nuestro sistema de salud permite hacerlo. Comienza por el médico de la familia, las áreas especializadas de los policlínicos y los centros comunitarios de salud mental de cada municipio. Pero sucede que cuando el paciente no desea rehabilitarse desgraciadamente obstaculiza el proceso. Por eso lo más importante es no dejar que las cosas lleguen a tales extremos.

La prevención debe empezar con el ejemplo de padres "consumidores responsables" de bebidas alcohólicas; evitar a toda costa convidar a personas jóvenes a "darse un trago"  u ofrecerlo a un niño "para que sea hombre", uno de los más frecuentes y dolorosos errores que puedan cometerse en un hogar, cuyas funestas consecuencias resultan incalculables.

Hay que desarrollar un estilo de vida en el cual el alcohol desempeñe un papel cada vez menos importante. Para celebrar, divertirnos o mostrar amistad, amor u hombría, no necesitamos embriagarnos; estos constituyen atributos espontáneos en cualquier persona normal.

El alcohol resulta ser realmente una droga bajo piel de cordero: Es como un lobo enmascarado en el cuero de un inofensivo animal, que va multiplicando, mediante el acercamiento inadvertido, sus nefastas potencialidades dañinas.


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