Un 4 de noviembre

Ese día, del año 1907, entregan al doctor Carlos J. Finlay la Condecoración Mary Kingsley. Era la distinción más alta que otorgaba la escuela de Medicina Tropical de Liverpool, en Gran Bretaña, y le fue otorgada como desagravio al sabio cubano por no habérsele concedido el Premio Nobel para el que fue propuesto, por oposición a los norteamericanos. La recibió en la Universidad de La Habana y fue el primer latinoamericano en obtenerla.

Mary Henrietta Kingsley. Imagen: BritshempireMary Henrietta Kingsley (1862-1900) fue una intrépida viajera, naturalista y enfermera; una mujer que participó en campañas políticas en favor de África y una ingeniosa personalidad que obtuvo notables logros durante su corta vida en la actividad de investigación en el continente africano. Nació en Highbury, Londres, en 1862, en el seno de una reducida familia. Desde su más tierna infancia tuvo inclinación por la exploración, quizás influida por el afán de lectura y pasión por los viajes de su padre, el Doctor en Medicina George Kingsley. Después de perder a sus padres, viajó a Las Palmas de Gran Canaria y de allí se trasladó a Sierra Leona con el objetivo de vivir la aventura que había soñado mientras crecía. Navegó a lo largo de la costa y caminó tierra adentro en lo que hoy día es Nigeria para recolectar especímenes de plantas y de peces de agua dulce con destino al Museo Británico, si bien se involucró en algunas actividades como el estudio de los insectos africanos.

Fue la primera representante del sexo femenino y, según confesó ella misma, la tercera persona de origen inglés en ascender el pico del Monte Camerún. La altitud de 4095 m de este pico, da la medida de la importancia de su hazaña para esta época. Falleció de fiebre tifoidea el 3 de junio de 1900 en el poblado naval de Simon´s Town, Ciudad de El Cabo, mientras cuidaba enfermos que la padecían en condiciones verdaderamente aterradoras. Tras la desaparición física de la insigne exploradora de África, la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool decidió perpetuar su memoria y conmemorar su notable obra en los trópicos, con la institución de un premio a los protagonistas de investigaciones trascendentales en el campo de la Medicina tropical.

Con anterioridad, había sido Finlay objeto del reconocimiento de varias instituciones nacionales y extranjeras por su loable labor científica. Por ejemplo la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, así como la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana le habían otorgado el merecido tributo a sus méritos; el Jefferson Medical Collage de Filadelfia, donde cursó su carrera de Medicina, le concedió el título de Doctor en Ciencias Ex Honore9 y en las exposiciones, congresos y conferencias médicas celebradas durante esos años resonó su nombre cual eco del aplauso universal al ser reconocido un benefactor de la humanidad.

En 1904 el cirujano del Ejército Británico, Ronald Ross, profesor de Medicina Tropical de la Universidad de Liverpool, Inglaterra, pidió a Finlay su autorización para nominarlo al Premio Nobel de 1905, a cuatro años de haberse entregado por primera vez ese galardón internacional. Ross había recibido el Nobel en 1902 por la identificación del mosquito trasmisor del Paludismo.

Dr. Carlos J. FinlayEn esta, como en las otras ocasiones, la postura de norteamericanos a favor de Walter Reed como autor del trascendental hallazgo científico, frustró las ansias de reconocidas personalidades de la ciencia cubana y mundial, conscientes de la justicia que se haría a Finlay con el Premio Nobel en aquellas circunstancias. Al conocer el infructuoso resultado de las gestiones de Ross en 1904, Finlay, con su modestia característica y vocación social, solo respondió:

«Lo siento por Cuba; hubiera sido la primera vez que hubiera venido a nuestro país este lauro internacional, dándome la oportunidad de probar mi cariño de hijo que ama a su patria. En cuanto a mí he sido más que bien recompensado con unos padres que lograron darme una profesión con qué demostrar mi amor por los demás, con una ejemplar esposa y buenos hijos, y con una relativa buena salud, con la que he alcanzado una edad que me permite reconocer mis grandes errores

Antes de Finlay, habían sido agraciados con el estímulo otras cinco grandes personalidades, a saber:

David Bruce, quien en 1887 descubrió la causa de la fiebre de Malta, en 1892 demostró la de la enfermedad de la mosca tsetsé y en 1903 el origen de la enfermedad del sueño en el hombre.

Robert Koch, quien en 1883 demostró la causa del cólera, al poco tiempo de su memorable descubrimiento del origen de la tuberculosis, y realizó estudios en los trópicos con los que comprobó la frecuencia de la infección malárica en los niños.

Charles Louis Alphonse Laveran, descubridor en 1880 de que el paludismo tiene su origen en la presencia de parásitos en la sangre, incrementó notablemente los conocimientos sobre esta y otras enfermedades tropicales, sobre todo las causadas por los tripanosomas en el hombre y en los animales.

Patrick Manson, quien en 1877 descubrió que uno de los parásitos del hombre perteneciente al grupo de las filarias se transmite por una especie de mosquito, con lo que hizo una gran contribución a los conocimientos sobre esos parásitos y las enfermedades que las provocan y sobre la medicina tropical en general.

Basili Danilewsky, descubridor de numerosos parásitos de la sangre en gran número de animales, poco tiempo después del hallazgo de Laveran, hecho que arrojó mucha luz en relación con las enfermedades humanas producidas por organismos semejantes.

Fuente:
Portal Cuba.cu
En el centenario de la condecoración del doctor Carlos Juan Finlay con la Medalla Mary Kingsley. José Antonio López Espinosa. Rev Cubana Med Trop v.59 n.3 Ciudad de la Habana sep.-dic. 2007
Camagüeyanos Ilustres. Carlos J. Finlay