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Friday 19 de September de 2014

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Sexo y Reproducción




El tamaño del pene

Pocos son los temas que inquietan tanto a los hombres como el tamaño del pene. Desde la antigüedad, se ha adorado a dioses que lo representaban. Una de las falsas creencias más arraigadas es que, a mayor tamaño, mayor es el placer que produce en las mujeres. Lo que funciona alrededor del pene es la simbología, recordemos que la cultura fálica coloca a los hombres en la cima del poder.

Por: Aloyma Ravelo

Desde la antigüedad, se ha adorado a dioses que lo representaban: En Grecia, era Príapo; en Roma, Beco; en Egipto Osiris; en la India; Shiva. Hoy en día esta divinidad carece de nombre, pero sigue teniendo adoradores —comenta en su libro “Nuestra sexualidad”, el Dr. Germánico Zambrano, sexólogo ecuatoriano a quien conocí en el Congreso Mundial de Sexología, celebrado en La Habana, y, amablemente, me regaló el libro.

Este autor expone además que es la primera pregunta que suelen hacerle los varones, principalmente, cuando son adolescentes. Un pene adulto en estado de flaccidez mide 7 cm aproximadamente. Durante la erección el tamaño puede duplicarse o triplicarse dependiendo de muchos factores, pero en promedio es de 11-14 cm. Los penes pequeños aumentan en erección mucho más que los grandes. Por ejemplo, uno que mida 4 cm puede llegar a alcanzar los 12 cm. Manifiesta que son considerados micropenes aquellos que miden menos de 2 cm pero no es algo común este tamaño.

Una de las creencias más arraigadas es que, a mayor tamaño, mayor es el placer que produce en las mujeres. Esto no es así, afirma el sexólogo colombiano y explica que la vagina está formada por tejido elástico y esto hace que se acomode perfectamente a cualquier tamaño para el disfrute sexual. Por tanto, las medidas no tienen importancia en la realidad práctica, al contrario, un pene demasiado grande puede causarle a la mujer más dolor que placer. En estos casos hay que actuar con mucha delicadeza y no se pueden usar determinadas posiciones que provocarían dificultades para el goce.

Si uno se pone a ver, lo que funciona alrededor del pene es la simbología. Recordemos que la cultura fálica coloca a los hombres en la cima del poder. Si les quitamos toda esa aureola cultural, los penes vienen siendo como las mamas de las mujeres que poseen distintas formas y tamaños. Ninguna mujer hace de eso un gran drama aunque algunas quisieran tenerlos más grandes o más pequeños. Pero no hay un mito acerca de los senos, aunque a algunos les encanten las artificiales siliconas.

En la niñez y la adolescencia, cuando los chicos se bañan desnudos en los internados, lugares de recreación y otros sitios, tienden ellos mismos a “medirse”, calcular y compararse. Esto es algo improcedente, que no debía ocurrir. ¿A alguien se le ocurre medirse con otros el tamaño del brazo o el largo de la pierna? Además, los genitales son sensibles a la exposición frente a los demás, a la mirada de otras personas. Pero estamos demasiado condicionados a pensar que hay una asociación entre tamaño y masculinidad. Y los varones hacen estas cosas y otras más graves, como es divertirse a costa de un adolescente poco desarrollado genitalmente, sin pensar en el daño psicológico y las heridas a la autoestima que con ello están causando.

Muchas personas adultas hemos visto como el padre de un bebito recién nacido hace alusión a sus genitales como “lo más grande del mundo” y sin punto y seguido, el comentario siguiente: “Este niño va a ser...”.

Los varones se van socializando con esta idea de monumentalidad, que puede ser muy dañina para algunos chicos que van reconociendo que su pene no va a alcanzar las dimensiones soñadas. Puede esta fijación conmocionarle su desempeño sexual.

Desmitificar la creencia que para ser feliz sexualmente y satisfacer a una chica hay que tener el pene grande, sería una maravilla para muchos varones quienes se sentirían con menos carga, sobre todo durante la adolescencia. Luego, en la adultez se aprenden muchas cosas con las experiencias vividas, incluso a alardear. Pero el trauma juvenil de haber soportado el peso de ese mito, no hay quien se los quite.

Dicen los sexólogos que el gran igualador en el tamaño lo es la erección. Un pene fláccido no tiene que ver con el tamaño que tendrá cuando esté erecto, mientras más pequeño en estado de reposo, más crecerá al excitarse. La mayoría de los penes tienen medidas parecidas en erección. Tampoco es lo mismo en ambientes templados o cálidos, que en ambientes húmedos y fríos. Los tejidos genitales tienden a encogerse con el frío y a dilatarse con el calor.

El portal venezolano Inteliven.com, en su sitio dedicado a la sexualidad, aborda estos detalles que ofrezco a modo de curiosidad, y no porque tengan un valor en sí mismos:

El pene es un órgano cilíndrico, compuesto en su mayoría por tejido eréctil. Durante la excitación sexual este tejido se llena de sangre dejando erecto y duro el pene. En el adulto, el pene promedio en estado de flaccidez, tiene una extensión en longitud de entre 5 y 10 cm y algo más de 2,5 cm de diámetro. El tamaño es variable de hombre en hombre y de situación en situación. En estado de erección, el pene promedio mide de 13 a 16 cm de longitud, con un diámetro de no más de 4 cm.

Si se comparan estas referencias con las aportadas por el sexólogo ecuatoriano, se verá que oscilan bastante las medidas. Por ello hablaba de ofrecer los datos a modo de curiosidad —y no para tomar una cinta métrica en la mano y salir corriendo a comparar— porque como se ve, no hay consenso, ni este asunto reviste la menor importancia.

La gran mayoría de las mujeres no se fijan en el tamaño sino que valoran más el modo, la manera de acercarse, de ser acariciadas, de ser atendidas. La satisfacción y el orgasmo de una mujer, no están relacionados con el tamaño o forma del pene porque solamente la entrada de la vagina goza de una sensibilidad importante. Todo esto es muy necesario que se conozca porque en nuestro país la cultura fálica tiene un peso sorprendente. Entremos en detalles:

El tamaño del pene en la imaginería popular
En Cuba, el mito del gran pene —de ese que no cabe por la puerta— va a ser difícil de eliminar; está muy arraigado por múltiples razones y hasta por aquello de parafrasear el viejo axioma de “caballo grande, ande o no ande.”

El cubano quiere hacerle creer a todo el mundo que en las artes eróticas tiene pocos rivales. La gente se lo creerá o no, lo importante es que aquí todo el mundo se lo cree.

El discurso simbólico de la sexualidad de los cubanos y cubanas hay que palparlo en vivo y en directo, no sale a relucir por los medios de comunicación social sino que está en la calle, en los chistes, en el refranero, en el choteo; en el piropo que, por desgracia, está perdiendo el encanto de la delicadeza o la comicidad, para irse convirtiendo en frases que más pisan lo chabacano que la gracia y el hechizo.

La cultura fálica tal parece que está asida a cada uno de nosotros. Y se lleva con orgullo. Yo misma no tuve idea de como es el fenómeno hasta que decidí, hace poco, hacer una investigación sobre el asunto que muestro a continuación:

Más allá del discurso erótico
Buscando incursionar más allá de la fama callejera, de los alardes que escuchamos tan frecuentemente, del discurso erótico que circula de boca en boca, realizo una encuesta de selección múltiple y con respuestas abiertas, a varones y muchachas de la Universidad de La Habana. Escojo este universo, para centrarme en jóvenes, cuyo alto nivel de instrucción y cultural, pueden aportarme datos y juicios que, por lógica, deben superar las representaciones simbólicas que rondan nuestra imaginería popular, específicamente sobre el tamaño del pene.

La muestra, al azar, está compuesta por 52 estudiantes, 32 mujeres (60%) y 21 hombres (40%), negros, mulatos y blancos, entre 19-26 años, de las facultades de Ingeniería, Derecho, Biología y Psicología.

En cuanto a la idea que poseen sobre el tamaño del pene erecto en determinadas poblaciones del mundo, considera el 79% de los jóvenes de ambos sexos que los europeos lo tienen mediano; el 19% afirma que pequeño y solo el 6% dice que lo tienen grande. En el caso de los asiáticos, la mayoría de los encuestados le calificaron su pene como chiquito, a excepción de un 17% —descendientes de chinos— que contestaron mediano. Entre los latinoamericanos, el 62% marcó que mediano; 28% grande y 10% chiquito. Los africanos son los de mayor dimensión en el mundo —según consenso de los entrevistados— al manifestar 50 estudiantes que lo tienen grande.

Relativo a las cubanos, las cifras son parecidas en cuanto a la dimensión de acuerdo a la raza: el 96% afirma que los cubanos negros son portadores de penes grandes; para los mulatos, los criterios están un poco más divididos: 73% sostiene que grande y 27%, mediano. Por otra parte, el 87% de la muestra afirma que los cubanos blancos lo tienen mediano y el 10% que grande. Para los cubanos, descendientes de asiáticos, dice el 48% de los universitarios que lo tienen chiquito, mientras que un 46% señala que es mediano. Solamente tres estudiantes mujeres confirman que en cualquier raza se puede hallar los diversos tamaños y que no se puede sujetar el tamaño del pene de acuerdo al color de la piel, cuestión que es realmente cierta.

Como se muestra en las encuestas, los estudiantes universitarios coinciden con el imaginario popular de que los negros cubanos son los que se llevan la presea en tales lides. También, les atribuyen a ellos, una potencia marcada. Tanto blancos como mulatos y descendientes de asiáticos entrevistados, se quitan el sombrero ante los de piel oscura. Sin embargo, no hay consenso entre los estudiantes para afirmar que también son los mejores amantes.

Con el propósito de que pudieran determinar qué es para ellos y ellas un pene normal, en erección, se les ofrecen las siguientes medidas: Menos de 10 cm, entre 10 y 13 cm, entre 13 y 16 cm y más de 16cm. Los resultados son como sigue: Un estudiante de Psicología —negro como azabache— dice, paradójicamente, que es menos de 10 cm. El 5% de los hombres y el 31% de las mujeres, afirman que es entre 10 y 13 cm; el 52% de los hombres y el 47% de las mujeres reconocen que es entre 13-16 cm y el 38% de los hombres y el 19% de las mujeres sostienen que es mayor de 16 cm. Para los efectos, se les ofrece a todos los encuestados una regla donde aparecen las medidas para evitar equivocaciones en cuanto a la exacta longitud de los centímetros.

De acuerdo a la opinión de los universitarios, un pene normal en Cuba se encuentra entre 13-16 cm, por encima de la media, si lo comparamos con las cifras de los estudios de otras latitudes. ¿Serán nuestros hombres, de veras, tan dimensionales o seguimos transmitiendo una fantasía caribeña que esparcimos por todo el mundo? No existen en Cuba estudios anatómicos sobre el particular. Por ello, me he remitido a las representaciones que muchachas y muchachos tienen sobre el tamaño del pene y su relación con la satisfacción sexual.

Ahora veamos cuál es el sentir de las mujeres entrevistadas de acuerdo a su gusto por tales tallas extras. De ellas, el 53% responde que no ha sentido diferencia en el goce sexual debido al tamaño del pene. Por otra parte, el 44% de ellas, dice que sí existe diferencia, pero que lo significante es la manera y la forma con que asuma la relación el portador.

En este estudio tiene mucha importancia la fuerza con la que sale a relucir el ascenso o descenso de la autoimagen del cubano, según las medidas de su miembro: el 90% de los encuestados de uno y otro sexo, asevera que los hombres se sienten poderosos al poseer un pene grande y el 79% confiesa la realidad inevitable de que los varones tengan complejo cuando poseen un pequeño pene.

Otros datos registrados marcan la concepción sexoerótica de los y las estudiantes seleccionados en cuanto el pene para el placer y el pene para la reproducción. Resulta interesante también, las derivaciones encontradas al cruzar los resultados de las distintas facultades y entre las facultades de ciencias y las de letras. Se halla además estereotipos genéricos y asunciones típicas de los roles de género.

Al no encontrar otras investigaciones similares en el país, concilian los hallazgos encontrados con determinados aspectos enunciados en las investigaciones “Identidad Nacional del cubano” de la Dra. Carolina de la Torre y “Estudio de la sexualidad del cubano a través de sus chistes”, de M. Flores.

Otros aportes de interés tipifican que, a excepción de una chica, todas y todos los entrevistados tienen experiencias sexuales con diversas parejas, y dicen responder con conocimiento de causa. Basan sus juicios, sobre todo los varones, en muchos encuentros piel con piel, de amores intensos o de simples aventuras.

¿Realidad o ficción? Precisamente mi investigación pretendía, utilizando métodos cuantitativos y cualitativos, penetrar en ese campo de estudio con la hipótesis de que en la construcción de la masculinidad de los estudiantes universitarios cubanos, tanto en mujeres como en hombres, el tamaño del pene se constituye en un rasgo distintivo, no solo de la sexualidad del varón, sino de su éxito y de su estatus con relación a sus pares y a las mujeres de su entorno. Y parece que es así.

Mitos y realidades
Para concluir con el tema, bastante desgranado por cierto, del libro “Nuestra sexualidad” del Dr. Germánico Zambrano, de Ecuador, extraigo estos interesantes mitos y realidades:

Mito: El tamaño del pene puede calcularse por la grandeza de las manos, pies o nariz. Los hombres musculosos tienen un pene más grande y son mejores amantes.
Realidad: No hay razón alguna para tales afirmaciones, es algo que no tiene relación.

Mito: Hay cremas, ungüentos y aparatos que agrandan el pene y restauran el vigor sexual.
Realidad: Pese a que se anuncian como eficaces en un 100% nada de eso funciona realmente.

Mito: La vasectomía (operación que tiene como objetivo la esterilidad del varón) causa impotencia.
Realidad: Esta intervención quirúrgica, que por cierto es muy sencilla, se realiza con anestesia local y es ambulatoria, no altera ni interfiere para nada en el deseo, la erección, la eyaculación, o la intensidad del placer.

Mito: Los hombres que se masturban en exceso o tienen una vida sexual muy intensa, durante su adolescencia y juventud, se agotan pronto y su vida sexual termina hacia los 45-50 años.
Realidad: El hombre no nace con una cantidad limitada de espermatozoides o de eyaculaciones sino que, periódicamente, conforme necesita, forma células nuevas. Sabemos que mientras más activo ha sido de joven, mejor será su respuesta sexual en los años dorados, al compararlos con otros varones de la misma edad. En esta esfera, también vale el axioma de que órgano que no se usa, se atrofia.

Mito: Al ver una mujer desnuda, o en fotografía, en pose erótica, el varón debe tener una erección.
Realidad: En la respuesta sexual humana se ven implicados una serie de factores afectivos, intelectuales, socioculturales que la regulan, así que no necesariamente habrá excitación sólo ante ese estímulo.

Mito: La erección indica que debe haber penetración de inmediato.
Realidad: La angustia por penetrar debe ser educada. Cuando se aprende a disfrutar de las sensaciones agradables que provocan un dar y recibir caricias, dentro de lo que llamamos juegos preliminares, se alarga el placer y hay mayor conexión con la pareja.

Edición: Cristina Martínez
Edición web: Vicente Costales

8 de noviembre de 2003

Salud Vida


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Editora principal - Especialista en Medicina General Integral - CNICM
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