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Friday 31 de October de 2014

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Psicología




La amistad

La amistad es una forma de enriquecimiento personal. Aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, pero además aprendemos de las experiencias del amigo o de la amiga, de sus conocimientos y vivencias. ¿Qué es realmente lo que caracteriza de manera especial y lo que define mejor la esencia de este tipo privilegiado de relación? De esto y de otras interesantes reflexiones sobre el tema se habla a lo largo de estas páginas.

Por: Aloyma Ravelo

La amistad es una de las relaciones que los seres humanos estimamos más. Con cuanto orgullo se le oye decir a una persona: “Yo tengo millones de amistades.” Sin dudas, las alegrías y las tristezas de nuestras amigas y amigos las compartimos muchas veces como algo propio. No dejan de preocuparnos; no dejan de entusiasmarnos. A este vínculo tan especial se han referido, en todas las épocas, poetas músicos y filósofos. Sobre tal asunto, una de las teorías más viejas y conocidas es la del célebre Aristóteles.

Decía el genial pensador de la antigüedad que existen tres tipos de amistades: de utilidad, de placer y de virtud. Las primeras --refiere-- están basadas en nuestra propia necesidad e interés. Son relaciones útiles de las cuales se obtiene algún beneficio. Y, por tanto, funcionan mientras el vínculo que las sostiene se mantenga intacto. Si recordamos la vieja canción de Julio Iglesias, “La vida sigue igual”, veremos que recoge este rasgo en unas de sus estrofas cuando sostiene que, ante el fracaso, solo quedan a nuestro lado los buenos amigos. Y afirma: “Los demás, se van.”

El segundo tipo, la amistad por placer, según el filosofo, está basada en la cantidad de goce y alegría que se recibe de ella, es decir, los amigos y amigas que únicamente se reúnen para pasarla bien, compartir fiestas y actividades recreativas. Por último, el tercer tipo, es aquella que Aristóteles le daba verdadera connotación: Personas que comparten en las buenas y en las malas, que se quieren y están unidas por un vínculo fuerte de lealtad, honestidad y desinterés. Esta amistad de virtud, al decir del eminente pensador, es realmente difícil de hallar en la vida y por ello también sentenciaba: ¡Oh, amigos míos, no hay ningún amigo!

Al margen de tan manifiesto pesimismo, el filósofo planteaba que la amistad de virtud ennoblece a la gente: las personas aprenden a ser buenas. Decía: “Cuando los amigos comparten tiempo juntos, no tardarán en comprender que ven con los mismos ojos, sienten con un mismo corazón y piensan con una misma mente.”

No obstante la vertiginosa revolución tecnológica que ha cambiado al planeta, de Aristóteles para acá, el humano y la humana siguen necesitando de “ese otro corazón” para hacer de su existencia un lugar más grato en este mundo. Sigue siendo esencialmente cierto el proverbio chino antiquísimo que sentencia: “Si al morir, cuentas con cinco buenos y verdaderos amigos, significa que tuviste una vida hermosa.”

Para el antropólogo argentino Ricardo Yepes, la verdadera amistad surge del compañerismo que es compartir una tarea o un trabajo y se convierte en ocasión de conocerse y comentar las incidencias del caso. Este argumento, que me parece muy válido, puede hacer recordar, a quienes están leyendo este artículo, parte de sus buenos amigos y amigas que se han creado al calor de años de trabajar juntos y casi sin darse cuenta, ha nacido una verdadera amistad basada no solo en lo agradable de la compañía sino en el respeto, incluso la admiración y en la extraordinaria confianza. Como dice el antropólogo: ¿Qué cosa más dulce que el tener con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?

Añade el experto que el trabajar juntos sobre los mismos proyectos o metas, suele darse como un caminar hacia un objetivo común, que es el fin de la tarea que se comparte. Es lógico que en ese marchar juntos surjan discrepancias. Pero la amistad tiene como características especiales que, durante una discusión dialogada, se puede obtener un enriquecimiento de los propios puntos de vista, a base de integrar los de los demás. Las divergencias de los amigos y amigas son amistosas y enriquecedoras para la tarea común; unen y no separan, sirven para transmitir y ganar en experiencias personales.

Otro rasgo importante de la amistad es que tarda en crecer, expresa el antropólogo Yepes. La amistad necesita tiempo. Esgrime que una de las razones por lo que esto es así, es que no empieza a crecer hasta que abrimos el mundo interior al que comienza a ser nuestro amigo o amiga. Si esta apertura no se llega a dar --porque no se quiere o no se sabe-- la amistad nunca deja de ser superficial y a veces se deja de creer en ella.

El vínculo de la amistad
Al margen de las argumentaciones teóricas al respecto, en Cuba, amigos, compañeros, camaradas, colegas constituyen parte de una constelación de términos que poseen determinados rasgos en común, pero donde las diferencias pueden ser muy significativas. En nuestro medio, la gente suele tener muchísimos amigos y amigas de estos tipos. Nos viene por herencia e idiosincrasia. La motivación por las relaciones interpersonales es un eslabón fuerte dentro de nuestra cadena de identidad cultural.

Históricamente, hay muchas pruebas de grandes y hermosas amistades. Dar la vida por un amigo o por una amiga no es en nuestro país una simple frase hecha. En otras sociedades, donde la ley del dinero es lo que vale, cuesta cada vez más hallar amigos desprendidos. Acá, por la manera en que hemos sido educados, la cubana y el cubano tienen en sitio de honor la amistad generosa. Decir en Cuba amigo o amiga es decir lealtad, reciprocidad, apoyo de cualquier tipo sin interés.

Cualquier persona en este país puede contar sus experiencias de haber conocido a alguien de manera accidental o fortuita, y media hora después, ya le ha contado “vida y milagros.” Realmente, esto no ocurre en otras culturas donde cuesta establecer una conversación con un o una desconocida, y mucho menos, confiarle venturas y desventuras.

Para nosotros es muy fácil hacer amistades. Ayudan sobremanera nuestras históricas cualidades que sobresalen en la investigación realizada por la Dra. Carolina de la Torre y colaboradores acerca de la Identidad del Cubano. Tales son: la hospitalidad, liberalidad, prodigalidad, humor, ingenio, carácter extrovertido, alegre y una innata facilidad para hacer relaciones interpersonales.

Como suele decir la Dra. Patricia Ares, el problema del cubano y la cubana no es la soledad, sino, por el contrario, es, a veces, el exceso de compañía. Por nuestra sangre –afortunadamente-- no corre la tendencia de devaluación del concepto de amistad; más bien creo que se ha fortalecido al calor de la crisis económica y las escaseces compartidas.

Amistad sin precio
¿Qué condiciones tendríamos que exigir como mínimas para que realmente se pudiera hablar de amistad? ¿Cuáles elementos deberíamos considerar como indispensables para que una relación de amistad se mantenga como tal? ¿El afecto mutuo? ¿El amor desinteresado? ¿Qué es realmente lo que caracteriza de manera especial y lo que define mejor la esencia de este tipo privilegiado de relación?

Según los expertos, esa condición --que la diferencia de otros tipos de relaciones humanas-- es precisamente la libertad. No existe amistad sin libertad. Somos libres de escoger nuestras amistades, cosa que no ocurre, por ejemplo, con la familia consanguínea.

Tener amigos y amigas no solo anima el alma y estimula el corazón. Cada vez más, las investigaciones y estudios confirman sus efectos benévolos sobre la salud. Activa nuevas áreas del cerebro, y libera sustancias hormonales que favorecen la relajación y el bienestar. Nos hace crecer y madurar mientrasayuda a forjar nuestra personalidad y las relaciones sociales con quienes nos rodean.

Un profundo sentimiento de amistad, moviliza zonas muy particulares, generalmente infrautilizadas en el cerebro, que secretan una mezcla especial de sustancias bioquímicas, benefactoras para la salud. La colaboración el intercambio, el reconocimiento del otro o la otra, cierran el paso a la agresividad, la desconfianza o el recelo. El apoyo emocional que conlleva toda amistad y la alegría compartida, activan el sistema inmunológico.

La química de la amistad
Un interesante estudio de la Universidad de California, en Los Angeles, (UCLA) sugiere que la amistad entre mujeres son muy positivas. El estudio confirma que este tipo de amistades dan forma a lo que somos y a la persona en que nos convertiremos. Una buena y gran amiga ayuda a levantar el ánimo y a llenar vacíos emocionales. Comprueba que el tiempo que pasamos con amigas queridas contrarresta el estrés y eleva la autoestima mediante un intercambio de reflexiones alentadoras.

El estudio de la UCLA sugiere que las mujeres reaccionamos a las tensiones con una cascada de químicos cerebrales que nos permiten entablar y mantener relaciones sólidas con otras mujeres. Es un hallazgo sin dudas valioso que ha arrojado nuevas luces sobre el estrés, investigaciones que, hasta ahora, venían siendo realizadas en su mayoría con hombres.

Otros estudios revelan que los vínculos sociales disminuyen el riesgo de enfermedades al reducir la tensión arterial, las afecciones cardiacas y los niveles de colesterol.

Un reciente Estudio de Salud de Enfermeras, de la Escuela de Medicina de Harvard, comprueba que mientras más amistades tienen las mujeres, menores son sus posibilidades de desarrollar enfermedades psicofisiológicas a medida que envejecen y mayores probabilidades poseen de disfrutar una vida sana y alegre. Los resultados fueron tan abrumadores que las investigadoras concluyeron que el hecho de no tener verdaderas amistades era tan dañino como el consumo de cigarro o el sobrepeso.

No obstante tales descubrimientos científicos, por intuición, las mujeres sabemos cuanto favorece y aporta a nuestras vidas, un buen rato de charla con una amiga a quien nos unen una comunión de intereses y lazos firmes de cariño. Sin embargo, la pregunta sería: ¿Por qué es tan difícil encontrar el tiempo para ellas? El mundo actual se acelera sin parar y nosotras no estamos ajenas a esa tendencia. Una de las más importantes reglas que hoy conducen nuestra conducta parece ser: “El que no corre no llega a tiempo.” Una parte de la gran cantidad de accidentes de tránsito que tenemos en Cuba, se deben a la prisa. Siempre estamos con apuro. Pasan las semanas y los días y, de pronto, recordamos que hace mucho no le damos ni un timbrazo a nuestra querida amiga de la infancia. Nuestra vida se ha convertido en una carrera contra el reloj, y algunas todavía quisiéramos que el día tuviera 56 horas.

La reflexión final es obvia: Sacar un ratico para dedicar a las amistades. Ellas merecen nuestra atención, no solo durante las crisis --que ya es algo ineludible-- sino en los buenos momentos también. Estar cerca de ellas, como norma, es grato y también saludable según los últimos reportes de la ciencia médica. Entonces ¿Qué esperas?

Edición: Cristina Martínez
Edición web: Vicente Costales

Julio de 2003

Salud Vida


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Editora principal - Especialista en Medicina General Integral - CNICM
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