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lunes 24 de noviembre de 2014

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Nutrición




Selenio: un escudo para preservar la vida

Con menos de dos siglos de conocido y a solo tres décadas del descubrimiento de su importancia para la salud humana, este oligoelemento es un puntal determinante en la lucha por la vida, ya que sus potencialidades antioxidantes y su persistente enfrentamiento a los radicales libres, convierten al selenio en un mineral indispensable para prolongar una vida saludable.

Por: Luis Jesús González

Tal vez por su pobre presencia entre las sustancias conocidas, el selenio demoró mucho más que otros elementos en integrarse a los compuestos conocidos por el hombre, ya que no fue hasta 1827 que el químico sueco Jöns Berzeluis lo bautizara con el nombre con que hoy le conocemos en honor de Selene, diosa griega de la Luna, tras detectar su presencia entre los sedimentos de las cámaras de plomo utilizadas en la fabricación de ácido sulfúrico.

Posiblemente por su condición de desecho, durante mucho tiempo se le consideró una sustancia venenosa, al extremo de que una misteriosa enfermedad del ganado vacuno en las praderas del estado norteamericano de Wyoming fue atribuida a los excesos de selenio en los pastos.

Solamente su fotosensibilidad le otorgó alguna utilidad práctica, pero no fue hasta la tercera década del siglo XX que empezó a utilizarse en la industria como elemento protector contra la corrosión, propiedad que en el organismo humano es equivalente a su poder antioxidante, conocido a partir de 1973 con el descubrimiento de la glutatión peroxidasa, una enzima presente en los tejidos con alto contenido de selenio.

Elemento metaloide, con grandes semejanzas con el azufre, el selenio suele encontrarse diseminado en los suelos, donde es absorbido por las plantas para integrarse a la cadena alimentaria, sin embargo, algunos factores que deterioran el medio ambiente, como las lluvias ácidas, hacen que cada vez sea más difícil obtener las cantidades requerida.

En adultos, las necesidades de selenio no se han establecido pero se plantea que son aconsejables entre 55 y 70 microgramos al día. De forma ideal el organismo humano contiene de 10 a 30 microgramos, distribuidos, principalmente, en glándulas, higado y riñones. Propuestas basadas en los aspectos preventivos extienden las necesidades de selenio entre 250 y 300 microgramos al día, cifra que no resulta alarmante, toda vez que en pueblos asiáticos, apegados por tradición al consumo de pescado, llegan a tomar hasta 500 microgramos sin ninguna reacción adversa.

Como parte de la enzima glutatión peroxidasa, el selenio, al igual que la vitamina E, protege al organismo de los radicales libres, cuyas reacciones con el oxígeno dan origen a elementos agresivos y altamente reactivos que agreden todo lo que encuentran a su paso, incluidas células sanas que pueden morir o convertirse en cancerosas. En unión de esta vitamina conforma un eficiente binomio antioxidante, con probados efectos preventivos.

En su función protectora, el selenio preserva al organismo humano de los efectos nocivos de las radiaciones ambientales y de las infecciones virales o bacterianas, por lo que su presencia constituye un poderoso componente de nuestro sistema de defensa, además de actuar contra las alergias químicas, favorecer el aumento de la fertilidad y posibililtar una mejor función celular, hepática, muscular y pancreática.

Diversos estudios han demostrado también su capacidad para reaccionar con metales pesados como cadmio, plomo o mercurio y así neutralizar sus perjudiciales efectos sobre la salud humana.

Algunas investigaciones adjudican al selenio una acción preventiva contra el cáncer, cualidad que hasta el momento constituye un motivo de discusión dentro de la comunidad científica, al igual que la capacidad de este oligoelemento para detener el natural proceso de envejecimiento de las personas.

Aunque el déficit de selenio es raro en humanos, se conocen cuadros clínicos originados por su carencia e identificados como enfermedad de Keshan o de Kashin-Beck. La primera, descrita como una extraña afección del músculo cardíaco cuyos daños pueden causar hasta la muerte, afectó a niños y mujeres jóvenes en la región de China de la que toma su nombre. La administración de pequeñas dosis de selenio a los pobladores permitió prácticamente erradicar la enfermedad.

A fines de la Segunda Guerra Mundial, la enfermedad de Keshan hizo su segunda aparición entre los habitantes de Kashin- Beck, en la región alemana de Baviera, donde desapareció totalmente cuando las tropas de ocupación de Estados Unidos distribuyeron trigo cosechado en suelos ricos en selenio.

Por regla general, la deficiencia de selenio en niños tarda en desarrollarse y los principales síntomas que manifiestan están casi siempre asociados a otras afecciones, ya que por la general se expresa a través de debilidad, dolor e hipersensibilidad muscular.

Estudios realizados por investigadores filandeses han enfatizado en una posible relación entre un insuficiente consumo de selenio y el infarto del miocardio y, aunque no existe una definición final, está demostrado que la ausencia de selenio en el organismo causa trastornos de consideración en las funciones hepática y muscular, con consecuencias nefastas para el corazón.

También entre los enfermos de artritis reumatoide se ha determinado déficit de este oligoelemento y en presencia de fibrosis quística las carencias de selenio son frecuentes al igual que en los alcohólicos.

Las personas sometidas a una estricta dieta vegetariana, así como las que sufren de trastornos metabólicos, enfermedades cardíacas, hipertensión arterial y diabetes son susceptibles de presentar bajas disponibilidades de selenio.

Si bien la carencia de selenio resulta perjudicial para la salud, su exceso puede resultar tóxico, manifestado en un tono amarillento de la piel, pérdida de las uñas y fatiga, pero esto son casos excepcionales y probables solo cuando supera la dosis de 500 microgramos; sus efectos pueden expresarse con la aparición de la enfermedad denominada selenosis, la que se identifica, entre otros síntomas, por la pérdida del cabello. Por lo general, los excedentes retrasan la aparición y crecimiento de células tumorales y no suprimen las funciones naturales del sistema inmunológico.

Las mejores fuentes de selenio se encuentran en las carnes rojas, las vísceras y los productos de origen animal. También se localiza en algunos granos, cereales, frutas y verduras, pero en cantidades variables en dependencia de la composición de los suelos. Tanto el pescado de río como el de mar aportan elevado contenido de selenio y la mejor absorción, entre los alimentos de origen vegetal, corresponde a la soya y los cereales.

Edición: Cristina Martínez
Asesora: Gisela Pita
Edición web: Vicente Costales

16 de julio de 2003

Salud Vida


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Editora principal - Especialista en Medicina General Integral - CNICM
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