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Monday 21 de April de 2014

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Hogar y Familia




Ante un desastre natural, ¿qué hacer?

Ante un desastre natural es fundamental que la comunidad, las familias y los individuos –informados y capacitados oportunamente– mantengan una participación activa y una conducta apropiada para reducir o eliminar su vulnerabilidad, mitigar los efectos del fenómeno y superar las secuelas. La magnitud de los desastres y la vulnerabilidad familiar en ocasiones exige el traslado a sitios de evacuación, lugares en los que se deben mantener normas higiénicas y de disciplina social. El grupo familiar debe estar consciente de que ante esta situación la prioridad principal es la de salvar las vidas humanas.

Por: Amelia Galdo Fernández

Importancia de la información y acciones colectivas necesarias
Medidas de autoayuda ante desastres naturales
La evacuación oportuna
Medidas higiénico-sanitarias en caso de evacuación
Algunas medidas de disciplina social en centros de evacuación

Frente a un desastre natural, la población amenazada debe ser capaz de desempeñar un papel activo para reducir o eliminar su vulnerabilidad. Para ello es fundamental que la comunidad, las familias y los individuos sean conscientes del riesgo, tomen las acciones que pueden reducir o eliminar los factores de vulnerabilidad y practiquen la solidaridad y la ayuda mutua.

Las acciones preventivas que se realizan antes, durante y después del desastre logran mejor sus objetivos si la comunidad está organizada y capacitada para ese fin. Si bien el fenómeno natural es inevitable, la comunidad, y en particular las familias, deben encaminar su gestión a evitar o menguar daños y favorecer las condiciones para la recuperación material y psicosocial de los afectados.

Importancia de la información y acciones colectivas necesarias
Un factor decisivo para la prevención de desastres naturales es la información, ya sea acerca del fenómeno y su comportamiento o sobre los conocimientos básicos para enfrentarlo. Aun aquellos individuos más vulnerables pueden apoyar ante un desastre natural si conocen cómo enfrentarlo. Por ejemplo, las mujeres, que se encuentran entre los sujetos más afectados, resultan muy eficaces en la movilización de la familia y la comunidad para formar grupos que trabajen por satisfacer las necesidades más urgentes: alimento, albergue, cuidado de ancianos, niños, enfermos, discapacitados, etc. Ellas desempeñan un papel principal en la planificación de los medicamentos de los miembros de su familia, en la desinfección del agua potable, en el avituallamiento de alimentos, prendas de abrigo y otros enseres que se precisan para mitigar los efectos del fenómeno, y aun más, son capaces de realizar esfuerzos que trascienden sus labores tradicionales.

Desde el punto de vista de la salud mental, en las grandes emergencias y desastres, toda la población, incluido el personal de salud que presta servicios, sufre tensiones y angustias en mayor o menor medida, directa o indirectamente, que influyen en su bienestar. Se ha demostrado que si existe una rápida y adecuada intervención psicosocial estas reacciones pueden disminuir y los individuos pueden retornar al funcionamiento normal.

El apoyo emocional, oportuno y efectivo, debe integrarse a las actividades cotidianas a nivel familiar y comunitario. Brindar apoyo psicológico a un sujeto en crisis implica que se le escuche y acompañe, se le exprese solidaridad y apoyo, se le comprenda y acepten sus sentimientos, se fortalezcan los vínculos familiares y amistosos, se le estimule a participar en las tareas cotidianas y se le provea la información suficiente.

Medidas de autoayuda ante desastres naturales
Ante la inminencia u ocurrencia de un fenómeno natural siempre es conveniente tener en cuenta algunas medidas de autoayuda. Algunas recomendaciones útiles son: buscar compañía y hablar; compartir sentimientos y pensamientos con otros; escuchar y ayudar a los compañeros; realizar ejercicios físicos suaves, alternados con relajación; estructurar el tiempo y mantenerse ocupado, no permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente; no evadir el dolor o sufrimiento con el uso de drogas o alcohol; tratar de mantener un horario de vida lo más normal posible; tomar ciertas decisiones que lo hagan sentirse útil y solidario; descansar lo suficiente; intentar, dentro de lo posible, comer bien y regularmente; si lo requiere, tomar infusiones calientes por las noches como tranquilizante.

La medicina tradicional y natural puede ayudar a evitar el empleo de medicamentos de acción sedante, somnífera, analgésica, hipotensora, etc., que pueden estar restringidos a causa de la situación existente. Sería muy útil que algunos miembros de la familia se capacitaran en la digitopuntura, técnica que no requiere de instrumentación, es de fácil aplicación y brinda posibilidades para la atención inmediata a malestares como cefaleas, insomnio, ansiedad y otros que son comunes en momentos de desastres.

La evacuación oportuna
La magnitud de los desastres y la vulnerabilidad familiar en ocasiones exige el traslado a sitios de evacuación, ya sean casas de familiares, amigos o centros acondicionados al efecto dentro de la comunidad. El grupo familiar debe estar consciente de que ante una situación de estas la prioridad principal es salvar las vidas humanas.

Los individuos más vulnerables son los niños, las embarazadas, los ancianos, los enfermos y los discapacitados, por ende tienen que ser especialmente protegidos por la familia y la comunidad, al igual que aquellas personas vulnerables que vivan solas a los cuales las familias vecinas o allegadas y la comunidad deben brindar la máxima atención. Si una persona requiere ser evacuada debe llevar consigo sus documentos de identificación, una mínima provisión de agua potable y de alimentos enlatados o de fácil conservación, algunas prendas de vestir o abrigo, y para los niños, algún juguete de su preferencia. Los medicamentos de todos y cada uno de los miembros de la familia deben ser incluidos.

Medidas higiénico-sanitarias en caso de evacuación
La convivencia en los sitios de evacuación requiere que se observen al máximo las medidas higiénico-sanitarias y de disciplina social. Mantener una buena higiene personal y realizar el saneamiento ambiental adecuado minimizan el desarrollo de enfermedades trasmisibles. Es importante pues:
  • Lavarse las manos con la frecuencia necesaria: al menos, antes de ingerir alimentos y después de realizar las necesidades personales.
  • Utilizar agua desinfectada para tomar, lavarse los dientes y lavar los utensilios.
  • Evitar el hacinamiento en los dormitorios.
  • No almacenar provisiones de alimentos en recipientes que puedan ser contaminados por insectos y roedores.
  • Evitar la acumulación a cielo abierto de desechos sólidos. De no existir posibilidad de recolección de estos, enterrarlos o quemarlos.
  • Garantizar la eliminación higiénica de excretas.
  • Evitar que los animales se instalen junto a sus dueños evacuados. Los animales domésticos constituyen reservorios de enfermedades como la leptospirosis y la peste bubónica, que pueden trasmitirse a través de los excrementos, la orina o mediante ectoparásitos que contaminan el agua o los alimentos. Estos animales deben ser llevados a lugares seguros donde no afecten las condiciones higiénico-sanitarias del albergue.
  • Cumplir las orientaciones del personal del centro de evacuación.

Algunas medidas de disciplina social en centros de evacuación
En los centros receptores de personal evacuado existen normas de disciplina social que de no respetarse pueden afectar las relaciones interpersonales, la organización interna, la higiene ambiental, el control epidemiológico, etc. Evitar el consumo de bebidas alcohólicas y drogas, respetar el acceso a áreas restringidas y la propiedad ajena, hacer uso adecuado y oportuno de los servicios sanitarios, reportar síndromes febriles, diarreicos u otros al personal de salud de atención primaria, etc., entre otras, son normas que todo evacuado debe atender y promover.

Palabras clave: desastre, apoyo psicológico, salud mental, vulnerabilidad.

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15 de agosto de 2006

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