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lunes 22 de diciembre de 2014

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Adulto Mayor




Lo importante es la personalidad que se es, no la edad que se tiene

Un gran error generalizado con el que viven muchas personas, entre ellas muchos viejos, es el prejuicio de creer que la vejez es un período necesario y fatalmente de declinación, deterioro y caos, en todos los sentidos. Los resultados de las investigaciones actuales en el campo de la gerontología han demostrado lo incierto y falso de esta idea.

Por: Gustavo Torroella

Se ha evidenciado que las características de la tercera edad o vejez dependen mucho de las características de la personalidad de cada uno, de las condiciones del ambiente y del modo de vida que se lleve, y no tanto de la edad, si se mantiene el individuo sano.

Debemos distinguir primero entre vejez sana, normal, y vejez enferma y achacosa. Existe una clara diferencia entre la vejez sana, en la que se mantiene la integridad física y el rendimiento psicológico más tiempo, y la enferma, en la que se manifiesta más pronto la declinación y el deterioro. Está demostrado que en la vejez sana se conserva y se puede mantener hasta edad avanzada la eficiencia psicológica, mientras que en la enfermiza, carente de salud, se presentan con más aceleración e intensidad los síntomas de los procesos degenerativos y de decadencia.

Contra lo que creen muchas personas, los cambios físicos están menos relacionados con la edad y más vinculados con las actividades y con los factores sociales y las relaciones interpersonales, con el modo y estilo de vida de la persona. Los cambios físicos que aparecen ya en la edad adulta avanzada —como se denomina actualmente a la vejez hasta los setenta y cinco años aproximadamente— se pueden dividir en dos grupos:

  • aquellos que constituyen “malas noticias”
  • los que significan “buenas noticias”

Podemos resumir los cambios corporales asociados al envejecimiento que constituyen las “malas noticias” en cinco situaciones. En efecto, los viejos se vuelven:

  • Más pequeños. Los cuerpos empequeñecen con la edad, en estatura y peso.
  • Más lentos. Los movimientos y reacciones del cuerpo son más pesados, despaciosos, morosos y calmados.
  • Más débiles. Los huesos, las fuerzas musculares y los sentidos se debilitan, se consumen y se desgastan.
  • Con menos rendimiento. Disminuye el trabajo de los órganos y de las funciones biológicas.
  • Con menor cantidad. Se pierde pelo, dientes, audición, vista, etc.

Pero recapacitemos ¿son tan malas estas noticias? La importancia que se les concede depende de la escala y orientación de valores que se tenga. El viejo puede asumir un punto de vista positivo y reconocer que en compensación con esas pérdidas materiales que sufre con la edad, hay en la vida, en su edad, otros bienes y valores espirituales, culturales, que no se aminoran o menoscaban con el tiempo, sino que justamente se acrecientan y enriquecen, como vamos a ver.

Es muy importante tener en cuenta que los cambios corporales mencionados, son el resultado, no tanto de la vejez en sí, sino de un modo de vida caracterizado por el desuso, la inercia, la pasividad, la desidia y el descuido.

Los síntomas atribuidos a la vejez son la consecuencia de un estilo de vida inactivo, pasivo, desanimado, solitario y no necesariamente el resultado de la edad. Estas son las “buenas noticias”.

Lo que es más impresionante, tales cambios pueden ser invertidos, si el viejo asume una vida activa, dinámica, animosa, impulsada por motivos que le den sentido a su existencia, si realiza actividades interesantes y atractivas y mantiene un nivel de participación social animosa, es posible lograr la maravilla —comprobado por la ciencia— de un rejuvenecimiento y conseguir “atrasar” el reloj biológico de diez a quince años. ¡ Bien vale la pena!

Veamos ahora los cambios psicológicos, los cambios en el cerebro y en la vida intelectual que se producen en el viejo sano. La mayoría de los viejos mantienen su cerebro en un estado funcional aceptable y generalmente conserva el nivel intelectual de su edad adulta. Su vida intelectual se caracteriza porque ha llegado a la madurez espiritual y ha podido cosechar, a través de los años, un rico bagaje o caudal de experiencias vitales. Desarrolla conceptos generales más amplios y elevados por la gran experiencia que ha acumulado, lo que le permite tener una visión más extensa y profunda de la realidad.

En la esfera social hay oportunidades de compensar la disminución de los contactos, relaciones e intereses sociales —que suelen ocurrir en la vejez— con la apertura de nuevas relaciones y con el enriquecimiento y afianzamiento del círculo de amistades, como se ve en los grupos de abuelos de creciente desarrollo en Cuba.

En la esfera espiritual y cultural es posible que se invierta el patrón vital y ocurra una ampliación de sus intereses y actividades culturales, a causa del mayor tiempo disponible. La amistad y la cultura son cosechas de la vejez que se benefician con el añejamiento del tiempo.

La vejez puede significar para el viejo sano la máxima realización de sus potencialidades vitales, la culminación del desarrollo de la personalidad y de la propia individualidad y el logro de un modo de ser más profundo y auténtico, y de una mayor paz interior y armonía con los demás.

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Edición: Cristina Martínez
Edición web: Vicente Costales

1 de octubre de 2004

Salud Vida


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