El duelo. Sus características y manejo en el niño. La elaboración del duelo. La elaboración del duelo es necesaria en todos los casos en que se produce una ausencia. La ausencia puede estar motivada por pérdida física, (muerte de un familiar cercano, animal doméstico, o cualquier figura de significación emocional para el niño/niña), o por pérdida de contacto emocional por separaciones no causadas por muerte, (abandono, incapacidad ?moral, enfermedad mental o física? o imposibilidad temporal o definitiva ?privación de libertad?, emigración, separaciones, cambios de vivienda, o divorcio). Desde el punto de vista de las consecuencias, todas las ausencias suelen tener resultados similares en tanto posibilidad de daño y la sintomatología suele ser variada, pudiendo observarse prácticamente todos los síntomas posibles en niños: ansiedad de separación, regresivos, alteración de los hábitos alimentarios, sueño-vigilia, excretorios, irritabilidad, agresividad, depresivos, abandono del juego, aislamiento, afecto inadecuado, entre otros. En la elaboración del duelo debemos atender a los siguientes criterios: *La edad del niño/niña *Vínculo con el objeto de pérdida. *Tiempo transcurrido desde el acontecimiento. *Vivencias asociadas. *Manejo de los padres o tutores y explicaciones recibidas. La edad del niño/niña: La edad es importante para poder tener en cuenta las posibilidades de comprensión del hecho acontecido. En los menores de cinco años no se tiene noción de la irreversibilidad del hecho mismo, por las características de su pensamiento, por lo que el niño “reclama” la ausencia en tanto se producen espacios psicológicos no cubiertos y rutinas que eran compartidas y que ahora no solo no se comparten, sino que en muchas ocasiones no tienen sustituto, o no se producen de la manera en la que solían ser ejecutadas, añadiéndose a la pérdida emocional, la del espacio en su ejecución misma. También suele sobreañadirse, la incomprensión del adulto ante “la indiferencia”, o “desamor” ante la pérdida y el reclamo de figuras sustitutas, o el rechazo ante las manifestaciones depresivas del entorno. Esto hace que los adultos experimenten sentimientos contradictorios hacia los niños, los que se suman al dolor, la rabia, o la culpa, normales en estos casos, con frases o pensamientos hacia los niños de “monstruosos, crueles, indiferentes, etc.” Formándose un círculo vicioso de culpabilidad-incomprensión-rabia. Entre los seis y los ocho años, todavía no hay una conciencia muy clara de la irreversibilidad de lo acontecido, pero ya realiza elaboraciones mas complejas y mayores abstracciones, pudiendo presentarse síntomas mas estructurados de tristeza: silencios, juegos rutinarios y poco creativos, abandono de algún hábito higiénico, comentarios en presente acerca de la pérdida, repetición de las preguntas ya respondidas, irritabilidad o susceptibilidad, resistencia a afrontar el hecho. Despues de los nueve años pueden aparecer síntomas “mas tradicionales” asociados al dolor, como llanto y estados de animo patibularios, solo que intermitentes. Pueden apropiarse y apegarse a algún objeto del familiar perdido. Vínculo con el objeto de pérdida: Los niños no responden a los vínculos legales o formales, por lo que se puede “sufrir” con mas intensidad y manifestaciones de reclamo un animal doméstico que un pariente no cercano al niño que desaparecido en el mismo episodio. En los menores de un año, y con mayor intensidad despues de los seis meses de nacido las pérdidas mayores de seis meses pueden provocar daños irreversibles por la desorientación y las reacciones de apego hacia la madre. La importancia de relación afectiva-sensorial se expresa fuertemente por el vínculo al olor materno, su temperatura, el ritmo cardiaco o el tono de la voz. Entre los seis y dieciocho meses se expresa de manera notoria la relación de apego y de rechazo al extraño. Tiempo transcurrido desde el acontecimiento: El tiempo es de importancia relevante en tanto pueda ser “prevista” la perdida que se va a producir y la preparación que pueda tener el niño para la misma. Como norma debemos atender de manera precoz en los que resulte posible y responder en un plazo breve a las interrogantes que pueda tener el niño/ña. La evasión a las preguntas del niño/ña, o el no afrontamiento del hecho que se ha producido o que se va a producir, suelen incrementar las fantasías y las auto respuestas, o la búsqueda de respuesta en amigos y/o coetáneos que no necesariamente, incluso adultos, no están preparados para apoyar, esclarecer o co-afrontar el hecho . Esto lejos de favorecer la comprensión y readaptación a la nueva situación, suele agravarla o distorsionar la realidad, ya que generalmente “el niño sabe” que algo está pasando, lo que no sabe es por qué el misterio alrededor de la situación, o la tristeza de los adultos o simplemente “sienten” la tensión de los otros, el dolor, o la agresividad. Vivencias asociadas. Toda pérdida tiene vivencias asociadas a la pérdida en sí y a las personas, animales o situaciones asociadas, por lo que pueden existir múltiples elementos desencadenantes de una situación de crisis o asociaciones erróneas relacionadas con la pérdida. Una música, ruido, olor, momento del día, objeto, color, etc. pueden activar los mecanismos temporo/espaciales asociados a la situación o recuerdo real o distorsionado. De esta manera la presencia de un elemento aparentemente “inocuo”, puede activar los mecanismos de duelo. Preguntas como estas:” ¿Qué zapatos se llevó papi si éstos son los que le quedan cómodos?”, o ante la vista de un avión “¿si cielo es tan bueno… y nos quería tanto… por que se fue solo/la y no nos llevó?” o negarse a que enciendan una reproductora porque “se cae el techo y se muere alguien”. Estas vivencias nos hablan de las fantasías y elaboraciones que produce el niño como interpretación de todo lo que ”grabó”, y fijó, y que nos puede servir para trabajar con él . Manejo de los padres o tutores y explicaciones recibidas. Son múltiples las formas de afrontamiento que asumen las familias de acuerdo a sus creencias, cultura y ámbito social. Con independencia de estos factores, suele producirse una evitación del afrontamiento de la pérdida, cualesquiera que esta sea. En algunos casos se subestima de manera más o menos conciente, la capacidad del niño para comprender, asimilar o percatarse del hecho, cuando simplemente no le dan importancia al hecho de que el niño forma parte, conoce, sufre y necesita una explicación. Las elaboraciones pueden ser muy variadas en dependencia del hecho y el que da la explicación. Podemos sugerir algunas premisas validas para cualquier situación: *Los niños/ñas, no toleran las mentiras, responda de manera sencilla, lo que le han preguntado, sin exceder desbordar la inquietud, o con regodeos innecesarios que pueden resultar morbosos. *No dañe la imagen de “lo perdido”, sobre todo en los casos de divorcio o separación. El menor no es el que se divorcia o separa, por lo tanto los conflictos de la pareja no deben ser dilucidados, ni trasmitir el duelo del adulto, ni las opiniones que afectan su imagen frente al niño. *En caso de pérdida por muerte la imagen debe permanecer como imagen activa, en el recuerdo de la interacción con el niño/niña, no en una caja y entre el llanto de los adultos que le quedan. *Recuerde que para el niño/niña la muerte es ausencia, no estar, por lo que pueden existir para él “como muertos vivos”. Ocúpese de cubrir las necesidades que satisfacía la persona ausente. *Evite las soluciones místicas y que puedan ser mal interpretadas en su pensamiento concreto o que el niño que se sienta “observado”, “vigilado”. “permanentemente evaluado” por alguien que lo observa, pero con el cual no puede ” intercambiar”. *Trate de trasmitir naturalidad y seguridad, si UD. no puede, pida ayuda de algún familiar apto para realizarlo, o ayuda de un profesional. *No subestime la capacidad adaptativa e intelectual del niño. *Asimile su pragmatismo, sus posibles culpas/fantasías, su rabia y su necesidad de evitación del dolor. No lo juzgue, ayúdelo. *Siempre que pueda prepararlo o calmarlo, hágalo. Las separaciones intenten asumirlas juntos ambos padres, los cambio, particípeselos y que se sienta parte de ese cambio, evite la victimación. Las pérdidas siempre resultan difíciles en tanto alguien se siente perjudicado, por lo que cada caso requiere de su estudio particular. Bibliografía: García Morey, A. ,2003, Psicopatología infantil. Su evaluación y diagnóstico, Editorial Felix Varela, Martínez, C., 2003, Salud Familiar, Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, Cuba. Internet: Marsellach, U. G., 1999, Familias Rotas, psico@ciudadfutura.com Marsellach, U. G., 1999, Muerte y duelo, psico@ciudadfutura.com Dra. Aurora García Morey. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana Ciudad de La Habana Septiembre/2005