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Edward Jenner y el descubrimiento de la vacuna antivariolosa

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas Calle E No. 454 entre 19 y 21, Vedado.

El 14 de mayo será por siempre una fecha memorable en la historia de las ciencias en general y del efecto preventivo de la vacuna en particular. Ese día del año 1796, el inglés Edward Jenner hizo la primera inoculación de vacuna contra la viruela. James Phipps, un niño de 8 años de edad, fue el primer inoculado con secreción recogida de una pústula vacuna (viruela de las vacas) en la mano de una lechera que se había infectado durante un ordeño. El 1. de julio siguiente inoculó de nuevo al pequeño, esa vez con pus procedente de una persona enferma de viruela. Este quedó indemne, con lo cual se demostró la acción profiláctica de la inoculación contra la viruela humana.

Edward Jenner nació en Beketen, Inglaterra, el 17 de mayo de 1749 en el seno de una familia de pastores protestantes. A la edad de 13 años comenzó sus estudios profesionales en Soadbury, bajo la dirección de Daniel Ludlow. De allí pasó al hopital Saint George, donde fue discípulo de John Hunter.

Por aquella época comenzó a manifestar una gran inclinación por la botánica y la zoología. Esta afición pudo ser la causa de que se perdiera el descubrimiento de la vacuna, es decir, de que no se verificara, pues en 1771 le fue ofrecido a Jenner el puesto de naturalista en la famosa expedición del capitán Cook. Pero éste prefirió ir a ejercer la medicina a su pueblo natal.

En 1778 contrajo matrimonio con Catalina Kingscoke, mujer que no obstante su delicada salud, participó activamente en los trabajos de su marido.

Todo parece indicar que desde 1762, cuando comenzaba sus estudios en Soadbury, la cuestión de la viruela preocupaba a este ilustre médico, pues en una consulta facultativa oyó a una joven decir: "Yo no me puedo enfermar de viruela porque ya estoy vacunada". Aún conservaba vivo el recuerdo de la manifestación de la joven cuando años después se estableció en Berkeley, donde observó que la creencia de ésta era corriente entre los vaqueros del lugar y de sus cercanías. Se propuso comprobar la verdad en tal sentido, y al persuadirse de ella por el año 1780, comenzó a divulgar su descubrimiento. En 1788 Jenner puso en conocimiento del cuerpo médico de Londres su idea de propagar la vacuna de un individuo a otro como medida de protección contra la viruela, pero ésta no causó ninguna impresión. El lapso transcurrido entre ese año y el de 1796, se empleó por el científico en estudios experimentales. Hasta que llegó el importante día del 14 de mayo.

El descubrimiento trajo consigo críticas que muchas veces tomaron formas violentas e injuriosas. Un folleto publicado por el doctor Rowley, contenía una viñeta en que se representaba a un niño con cabeza de buey. Ésta, según dicho autor, había tomado tal forma a raíz de haberse vacunado al pequeño. Por otra parte, se predicaba en los púlpitos que la vacuna era una acción anticristiana.

Sin embargo, la verdad se abrió camino poco a poco. En principio se divulgó la vacuna por Inglaterra; posteriormente se introdujo en Francia e Italia, hasta llegar a propagarse por toda Europa y América.

El nombre de Jenner se diseminó por todos los países civilizados. El insigne médico recibió gran número de títulos de instituciones como la Sociedad de Medicina de París, el Instituto de Francia y de muchas otras agrupaciones científicas del país galo. Alcanzó en el extranjero un prestigio tan grande, como importantes fueron los honores con los que le recompensó su patria.

Desde que verificó su descubrimiento hasta los últimos días de su vida, Jenner vacunó gratuitamente a los pobres de Berkeley y de sus alrededores. Para ello tenía un pabellón en el jardín de su vivienda, al que llamaba Templo de la vacuna. En cierta ocasión acudieron a él muchos habitantes de una aldea vecina, que antes habían sido rebeldes a la vacunación. El cambio se debió a que el sacristán de la iglesia del pueblo, cansado de asistir a tantos entierros por defunción de variolosos, determinó aconsejar por todas partes que la única forma de precaución contra la epidemia era la vacunación. En virtud de la exhortación del sacristán, los vecinos se sometieron a lo que hasta entonces no habían aceptado.

Jenner tuvo tres hijos: Eduardo, Catalina y Roberto. Al primero, de salud delicada, lo perdió en 1810. Su esposa falleció en 1815. Catalina y Roberto sobrevivieron a su padre, quien en 1820 sufrió un síncope del que nunca se restableció completamente. El 24 de enero de 1823 visitó a un enfermo de parálisis; al día siguiente apareció también paralítico y un día después falleció. Sus restos se depositaron en el santuario de la iglesia de Berkeley.

Hoy en día se reconoce a Jenner como un benefactor de la humanidad, y como alguien que merece recibir el homenaje diario de todos los habitantes de la Tierra, con independencia de la época que le haya tocado vivir.

Bibliografía

Empson J. Edward Jenner, exterminador del "monstruo pustuloso". Foro Mundial de la Salud 1996;17(4):382-4.

Garrison FH. An introduction to the history of medicine. Philadelphia: WB Saunders, 1929:372-5.

Haggard HW. La medicina a través de los tiempos. En: Drogas, demonios y doctores. México DF: Editorial Diana, 1954:432. Pelczar MJ, Reid RD. Microbiología. México DF: McGraw-Hill, 1966:225-7, 419-20.



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